Haber violado al niño. Saber que era portador de sífilis y no importarle que lo contagiaría si abusaba de él. Y corromper con sus prácticas perversas el sano sentido del sexo en ese chico, su propio sobrino. Por todos esos delitos, el juez Ernesto Kerman (Sala II, Cámara Penal) condenó ayer a un albañil de 45 años a purgar un duro castigo: 13 años de cárcel, dijeron fuentes judiciales.
El mismo condenado había admitido su responsabilidad cuando el caso llegó a juicio y comprendió que las pruebas le jugaban en contra. Por esa razón fue que, a través de su defensor Gustavo De la Fuente, acordó un juicio abreviado con la fiscal Alicia Esquivel Puiggrós, en el que admitía su autoría y una condena de 13 años de cárcel.

El grave problema estalló en octubre de 2012, cuando un hermano del adolescente, entonces de 8 años, comenzó a mostrar los insoportables síntomas de la enfermedad, con dolores e irritaciones que, en una primera atención médica, se atribuyeron a un cuadro parasitario. Lo trataron pero empeoró y una segunda visita al médico reveló que padecía sífilis. El diagnóstico sorprendió porque es una enfermedad de transmisión sexual, que obligó a analizar a todos en la familia. Entonces, saltaron otros dos eslabones en la cadena de contagio: el hermano de 13 y el tío, que en noviembre de 2012 cayó preso.

El albañil nunca declaró y contó con la complicidad del adolescente, que tampoco quiso decir la verdad. Sólo el menor de los niños admitió un contacto extraño con su propio hermano, pero despegó a su tío (ver aparte).

Fue ahí que apareció en escena otro hermano, de 18 años, que no dudó en culpar a su tío. Dijo que el albañil es homosexual y que de seguro había abusado y contagiado a su hermano porque a él, a la misma edad, le había hecho lo mismo, con iguales consecuencias. Esa prueba, más el testimonio de otras hermanas de que los niños pasaban todo el tiempo con su tío porque les prestaba la computadora, terminaron por sellar la suerte del sospechoso.