Brenda Martínez (22) dormía cuando escuchó los gritos de su mamá Ana Patiño (51), afuera. Eran casi las 9 cuando salió disparada a la calle, convencida de que había atropellado a su perro caniche. Hasta se puso buscar al animal debajo del vehículo, por la parte trasera, mientras veía a dos sujetos con su mamá, adelante. Pensó que esos jóvenes le ayudaban a Ana con lo del accidente, pero al notar su presencia uno de los sujetos se le acercó y la hizo toparse con una realidad diametralmente opuesta: era un asalto. El delincuente la encañonó, la llevó hacia el asiento del acompañante con la cabeza baja y la exigencia de que no levantara la vista para que no los viera, a pesar de que ambos llevaban el casco puesto. Y entonces se produjo el momento más peligroso del atraco, porque su mamá seguía a los gritos aferrada a su cartera, a pesar de las amenazas y los golpes que le daba en la cabeza uno de los delincuentes.
‘¡Mamá soltá la cartera!‘, reiteró a los gritos Brenda. ‘Acá tengo la plata del alquiler’, se justificó la mujer. ‘Soltala, soltala, ya vamos a volver a juntar esa plata’, suplicó la joven. El forcejeo, entre gritos, golpes y amenazas se prolongó varios minutos, hasta que uno de los delincuentes disparó su arma (sería una 9 mm) y le quebró el fémur de la pierna izquierda a Ana, explicó ayer Brenda.
En el acto, ambos escaparon en moto con el dinero, unos $20.000 que la familia tenía para pagar dos alquileres, el de esa casa situada en Franklyn Rawson al 2210 en el barrio Nuevo Palermo, Capital. Y el del comercio de venta de ropa que administran en pleno centro.
‘Fueron casi 10 minutos de terror. Pero ya nos vamos a mudar de ahí porque es la segunda vez que nos roban con armas, en julio del anteaño pasado otros dos tipos nos habían asaltado a mí y a mi hermana Camila, dentro de la casa. La primera se nos metieron adentro, ahora el balazo en la pierna ¿en la tercera qué nos espera? No podemos seguir exponiéndonos’, concluyó, la joven, indignada.
