El 90 por ciento de los hispanohablantes vive en el continente americano y con tal incidencia las voces regionales ocupan ahora como nunca un amplio espacio en la nueva edición del Diccionario de la Real Academia Española (RAE), con una representación de casi 19.000 americanismos. El criterio es que las nuevas palabras sean propias de por menos tres países, ya que sería imposible incorporar el léxico de cada región.

Los representantes de las 22 Academias de la Lengua Española, acompañaron a los reyes de España y a las autoridades de la RAE en la ceremonia de presentación de la XXIII edición del Diccionario, el viernes último, ante la expectativa del mundo académico y cultural ante una actualización considerada histórica.

La editorial Espasa, encargada de publicar en los países hispanohablantes el nuevo Diccionario, señaló que tiene 93.111 entradas, frente a las 88.431 de la anterior edición de 2001, e incluye 195.439 acepciones, entre ellas unos 19.000 americanismos. Esta edición también es atípica al agregar palabras del uso cotidiano o de la tecnología, que era imprescindible incorporar para no quedarnos atrás en la dinámica lingüística. Por ejemplo: "chat\’\’, "blog\’\’, "tuit\’\’, "dron\’\’, "tableta\’\’ y también palabras de las contingencias sociales como "cacerolazo\’\’, "carenciado\’\’, "motochorro\’\’. Tampoco se olvida de la coquetería al castellanizar "spa\’\’, "bretel\’\’ o "bótox\’\’, o del argentinísimo "fernet\’\’ que no podía quedar en las copas.

En cada una de las ediciones del Diccionario de la RAE aparece cada vez con mayor fuerza el léxico americano, aseguran los eruditos, al remarcar una tendencia impensable en otras épocas. La relación entre las diferentes Academias empezó en 1951, cuando se celebró en México el primer congreso internacional de la lengua, al que no pudo asistir la RAE porque se lo prohibió la dictadura franquista, pero después las relaciones se fueron normalizando y cambió el criterio de que la RAE imponía normas ortográficas y criterios rígidos a pesar de que la lengua es viva y cambiando permanentemente, junto con la evolución humana.

Por ello es elogiable el nuevo Diccionario fruto del mayor consenso entre América y España gracias al aporte de las Academias, que desarrollan un papel vital en la política lingüística panhispánica con trabajos trascendentes, como la nueva Gramática, la Ortografía, el Diccionario panhispánico de dudas y el de Americanismos. Y la defensa inclaudicable de la letra "Ñ\’\’, que pretendía desterrar la informática.