Don Francisco Narciso de Laprida fue uno de los patriotas mas destacados de nuestra provincia, pero como si fueran pocas las razones por las que se lo recuerda -entre ellas ser quien presidía el Honorable Congreso de Tucumán cuando se firmó el acta de declaración de nuestra independencia- también existen innumerables aspectos de su vida que, pese a ser actos de gran importancia y nobleza a menudo no son recordados.

Con frecuencia se tiene la idea equivocada que los diputados enviados por San Juan fueron elegidos al mismo tiempo pero no fue así. El 13 de junio de 1815 San Juan eligió un diputado para enviar a Tucumán, Fray Justo Santa María de Oro. Pero al evaluar meses después que en ese entonces nuestra provincia ya tenía más de 20.000 habitantes (22.000 aproximadamente), se convocó a una nueva elección para el 22 de Septiembre, en la que ganó por mayoría Francisco Narciso de Laprida. Curiosamente, siendo el ganador, es él mismo quien pide se impugne la elección, ya que no habían emitido sufragio los arrabales de Desamparados y Trinidad (en ese entonces la ciudad se dividía en 12 cuarteles urbanos y varias parroquias a las afueras que conformaban los arrabales). Dado la incertidumbre del cabildo se le envió un chasque a San Martín (entonces gobernador de Cuyo) para consultarle que hacer, a lo cual el prócer respondió "Que vaya a Tucumán”. Así le toco presidir el Congreso de Tucumán entre el 1º de Julio de 1816 y 1º de Agosto de ese año. En dónde el día 9 se votó por mayoría de los diputados presentes, la Independencia Argentina (aunque el documento de la declaración de independencia, realmente se firmó el 19 de Julio cuando se terminó el manuscrito). Al año siguiente, en 1817, le tocó ser vicepresidente de la asamblea. En 1818 es nombrado gobernador interino tras la destitución provisoria de Ignacio de la Roza, cargo que ocupó durante tres fructíferos meses, en los que realizó gran cantidad de obras, entre ellas la reapertura del expediente para el paso a Coquimbo (hoy paso de Agua Negra). Posteriormente en un gran acto cívico le devolvió el cargo a De La Roza. Dos años después (en 1820). Tras el levantamiento del Regimiento 1º de Cazadores al mando de su propio cuñado el coronel Mendizabal. De la Roza es apresado e instruido para ser fusilado al día siguiente. Pero Laprida en un acto de gran valentía (digno de una película de Hollywood) se presenta en la cárcel provincial vestido de Clérigo, con la intención de intercambiar lugares y así liberar a De La Roza. Lamentablemente la operación no tuvo éxito ya que fue descubierto, pero este incidente hizo que en lugar de ejecutarlo lo enviaran como reo a La Rioja.

Depuesto ese mismo año Mendizabal y asumido como gobernador Don José Antonio Sánchez, éste comisiona a Laprida a una misión a Chile. A su regreso dos años mas tarde trae desde el país transandino el Sauce Llorón. En 1824 es elegido vicepresidente del congreso y en 1825 presidente.

Ya en 1829, retirado de la política sufre las persecuciones de los adeptos a Facundo Quiroga debiendo emigrar a Mendoza con su esposa y sus tres hijos pequeños, Clarisa del Carmen (10), María Regina (7) y Amado (5).

Ya en la vecina provincia se alista como cabo en el regimiento "El Orden”, donde cumple su último desinteresado y heroico acto al ayudar a escapar a Sarmiento en el Desastre del Pilar, pagando con su propia vida tal proeza.