Actualmente conviven el amor en cuanto Eros y el de Ágape. Si bien el primero busca una satisfacción sexual, el segundo desde la intimidad busca llenar el vacío sentimental.

"Amar algo significa querer que esto tenga vida”, dijo Confucio. Para entender en profundidad lo que el autor quiso expresar hay que ir al origen de la palabra amor, que viene del latín "mors”, muerte, pero hay que tener en cuenta que en latín el prefijo "a” cumple una función negativa. Por lo tanto, el verdadero significado de amor es "no muerte”, de tal forma que una persona quiere que la otra viva para siempre, sin que su vida dependa absolutamente de la persona amada.

Uno de los consejos de Buda era pensar en otro antes que en uno mismo. El altruismo es quizá la máxima experiencia a llegar en la vida. También, la palabra tiene origen latino de "alter”, que significa el otro. Altruismo: hacer del otro el tema central de la preocupación, tan necesaria en una cultura neoliberal en donde vemos que en muchas ocasiones prima "el tener” sobre el "ser”.

Precisamente, en las experiencias afectivas, es en donde rescatamos lo fundamental de valorar a cada uno por lo que es y no por lo que tiene, aquello que perdura en el tiempo, lo que anhelamos, o sea el amor familiar. En cambio, el amor romántico que también forma parte de la vida, no es necesariamente en todos los casos concebido como algo estable y duradero.

Origen etimológico. Precisamente, en este punto es en donde no encontramos una ciencia del amor, pero si podemos recurrir a la historia para darle un significado actual a la palabra en donde los pensadores antiguos le daban distintas nominaciones. En primer lugar, la llamaban Ágape del latín "caritas” lo que nos da caridad, que es el máximo amor al cual puede aspirar un hombre con un sentido más espiritual. En segundo lugar, también la designaban Ludus, más precisamente para los amantes ocasionales y de Pragma, en los casos de matrimonios estables. En un tercer lugar, la caratulaban de Eros, cuando solo hacían referencia a un amor infantil de manía limitado a una pura pulsión sexual. Necesariamente, en el mundo griego el amor era un beneficio de los dioses, aunque no el amor erótico, considerado como una maldición divina. Por ello, siempre los pensadores como Platón y Aristóteles, en el mundo clásico, le daban mucha importancia a la vida intelectual como ejercicio para elevarse y no caer en la ruina a la que conducía el Eros.

Amor y sexo. Los antiguos veían como un signo de valentía de la vida, la amistad sincera del amor íntimo, que buscaba ayudar al compañero de camino, pero no así a la liberación maníaca del eros considerado un gran signo de debilidad. Actualmente, a veces creemos enamorarnos cuando en realidad solo vemos destellos reflejados en un espejo, pero cuando aparece el verdadero rostro surge el desencanto, la herida, el fracaso, y en muchas ocasiones la violencia de género que termina dañando los sentimiento de confianza hacia los demás de una manera cuasi suicida u homicida.

También, es cierto que en estos casos las consecuencias en la vida práctica son múltiples y van desde las heridas emocionales fuertes, como daños de género, embarazos no deseados, abortos espontáneos, encuentros esporádicos, violaciones, divorcios, enfermedades, prostitución, etc. Aun, en las más variadas formas de vida, no dejamos de desconfiar del amor sincero y duradero.

Para concluir, debemos tener en cuenta que en la vida siempre tendremos algo de Eros y también de Ágape, pero lo esencial es saber que cuando se corre una carrera algunos quieren llegar primero a la meta, en cambio otros solo se conforman con competir. Pero, lo mas importante en la vida es el juego limpio y lograr la meta que es la felicidad. En la gran carrera de la vida no importa llegar primero o último, pero lo que sí importa es experimentar amor, aprovechando los momentos de Ágape para que cuando vengan los momentos del Eros, tengamos fuerzas para hacer frente a los desgarros que dejan los sentimientos de soledad, bronca, desilusión y depresión.