“Estaba medio amargado porque quería llegar diez puntos y por un problema de salud los primeros dos días no me sentí bien”, comenzó diciendo ayer, minutos después de culminar la prueba el flamante ganador, Julio Brizuela.
El biker albardonero que este año ganó todo lo que corrió tenía marcada en su calendario la Vuelta. Entrenó para ello con una gran dedicación y junto a su entrenador, Ignacio Gili, programaron una preparación que le permitiera llegar en el umbral de su rendimiento físico.
No se dejó nada librado al azar, la atención no sólo se centró en cumplir con las exigencias de cada entrenamiento, incluyendo las sesiones en el gimnasio, todo apuntaba a que descollara, pero una inoportuna gripe provocó una merma de su rendimiento. “En la crono no tenía fuerzas, era en un terreno ideal para mi, pero no me podía las piernas, la enfermedad me debilitó bastante”, contó.
Sobre la etapa de ayer, explicó que fue de menor a mayor. “Largué con la idea de atacar, pero iba con el cuerpo como cortado, no me sentía bien, así que rodé hasta acomodarme sobre la bici y cuando empecé a mejorar recién ataque”.
Sobre la estrategia a aplicar, dijo que tenía en claro que debía salir a buscar la victoria. “No podía especular, tenía que aprovechar mi fuerza y la idea era atacar, lo hice en una zona donde se pasa un puente donde entra un solo ciclista y me resulto bien. De allí empecé a alejarme de Berrocal (Mauro) quien no me siguió a rueda porque lo ayudaba a Maldonado (Leandro)”, agregó.
“No sabía que era el primer sanjuanino en ganar la Vuelta, ¡que lindo!”, expresó, para luego dejar una sentencia: “Lo que cuesta vale mucho más y, sinceramente, esta carrera me hizo dejar todo para ganarla”.
