–ÚLTIMA PARTE–
Entre los filósofos posanalíticos, Hylary Putnam es, quizás, el único que ha desarrollado un fuerte interés teológico, orientado a la recuperación de la tradición hebraica. Si se le pregunta ¿cómo un lógico de formación, en cierto momento recuperó el lugar central de Dios, del misticismo y de la interpretación del texto sagrado? Contesta que "’La única cosa que creo puede hacer religiosa a una persona es la experiencia interior. No tiene sentido convertir a los demás. Encuentro que el ser religioso es muy compatible con una forma de escepticismo respecto a la revelación. En el siglo XVIII la humanidad fue sacudida por la idea de leer la Biblia como un producto humano. La Biblia no es un manual para la sociedad perfecta.”
Propio de un hombre que cree a medias, el filósofo entiende el texto sagrado como una hechura humana. Hay historia, hay condición humana vibrante. Pero no hay revelación divina en sentido estricto. "’ (La Biblia) dibujaba simplemente una sociedad mejor de la que los hebreos tenían a la vista: en Egipto o en Babilonia, o también en Grecia o en Roma. Se decía que hay que tratar mejor a los esclavos de lo que eran tratados en aquel tiempo, pero no se exigía tenerlos o no. Luego el prejuicio contra los homosexuales: es equivocado y punto”.
De ahí su idea de que el sentido de lo sagrado, aunque respetable e importante en sí mismo, no sea necesariamente bueno. Incluso porque desde lo sagrado se han justificado no pocas violencias. "’Por esta razón en el siglo pasado se comenzó a decir: es necesario dejar de creer en lo sagrado. Y no alcanzaron a correr cien años para que hubiera dos dictadores terribles, ambos ateos: Stalin y Hitler”.
Claro, habría que decir con la fuerza de la lógica, que la historia no ganó en paz precisamente con el ateísmo sistemático.
Aquí llegamos al núcleo del tema en lo religioso de Putnam: la reflexión filosófica está en función del sentido del límite que la religión despierta. Y en este sentido se puede interpretar que él desea que los hombres desarrollen o conserven un sentido religioso, pues es dador de límites conductuales. De no ser así, Stalin y Hitler no hubiesen cometido tantos abusos y atropellos. La conclusión está dotada de lógica.
Nuestro autor profundiza más aún: "’El problema del humanismo, como se ha desarrollado de Feuberbach en adelante, ha significado la deificación del hombre. No veo nada en este siglo que me haga desear la deificación del hombre. Como Ben Schwartz, pienso que el hombre es el peor dios que hay”.
