El humorista mendocino, conocido en todo el país por su particular estilo, repasa momentos de su vida personal y su carrera. Un cuentista único que cosecha fieles y renovados aplausos. El showman retorna a tierras sanjuaninas con un nuevo espectáculo de la mano de Fundación Protea. A la espera de su llegada fue contactado por DIARIO DE CUYO y habló, entre otras cosas, sobre su momento profesional y hasta de su hobby por coleccionar autos antiguos.
– ¿Qué tiene preparados para los sanjuaninos esta vez?
– Básicamente este nuevo show consiste en reírnos de las faltas que todos los días nos suceden y resultan graciosas porque en el balance de la jornada diaria, es común que contemos las cosas malas que nos pasan, pero no contamos lo bueno. Por eso, se pone en evidencia, que en un espectáculo mío, el protagonista siempre es el público.
– ¿Cómo le ha rendido la primera mitad del año en cuanto a producción artística? – Arranqué un año muy intenso y complejo. Para empezar, el verano en Carlos Paz no fue una temporada sencilla. Hubo más de 50 obras en cartel, algo parecido a un camión descargando uvas en un embudo para dos litros de vino. Creo que la oferta estuvo colapsada. No fue fácil. Afortunadamente me fue bien, pero no tanto como me gustaría. Creo que salí airoso, fue todo un desafío competir con varias mega-producciones. Voluntad, energía y darle para adelante hubo de sobra. En el balance tuve buen resultado, pero si hubiera tenido un poco más grande la chequera, podría haberme ido mejor. Pero por otro lado, tuve que bajar un cambio y optar por hacer un fin de semana de función al mes, salgo de gira y darle más prioridad a las contrataciones privadas. – ¿A qué se debe esta creciente saturación de oferta teatral en Carlos Paz? – En los últimos años, se ha potenciado la plaza porque los productores teatrales han apostado fuerte. Creo yo porque para los artistas como nosotros, nos encontramos con el paisanaje. Sin embargo, veo a Carlos Paz envejecida. Y a Mar del Plata caída. Es una de las razones por las que estuve pisando -y ahora está fermentando- la idea de retirarme de las plazas fuertes de verano como Carlos Paz y la Costa Atlántica, para el próximo verano.
– ¿Qué tiene en mente? – Quiero hacer una nueva revista de buen nivel con artistas de Mendoza, San Juan y de San Luis y activar un circuito de espectáculos que circule en Cuyo. No es mi intención producir todo, pero al menos salir al frente con una producción de importancia y que haya obras itinerantes por las tres provincias. No debe estar todo concentrado en Córdoba. En Cuyo tenemos buena propuesta turística, gastronómica y hermosos paisajes naturales. Cuando viene gente con un dinerito para gastarlo, come bien, pasea bien, pero a la tercera noche en pleno verano, quiere ir al teatro y no encuentra cartelera. Pienso que San Juan, San Luis y Mendoza se merecen un espacio mayor, porque talento existe. Tenemos muy buenos artistas en Cuyo en donde podemos hacer grandes obras a la altura de Calle Corrientes. A eso aspiro, de trabajar con lo nuestro.
– ¿La recesión económica actual condiciona también al espectador a la hora de elegir en ir al teatro?
– Bueno, al menos hasta ahora, a mí no me ha ido mal, pero influyen varios factores también. Con el público tengo una comunión con una relación afectiva. El hecho de que haya tantas preocupaciones, no posterga la posibilidad de ir a un espectáculo a reírse. La gente va. No creo que sea un impedimento. En mi caso, incorporo muchas cosas nuevas constantemente. Los artistas no tenemos patrones, el público es nuestro dueño. Por más que desarrolle rutinas nuevas, a la salida de la función me reclaman los segmentos clásicos de mi repertorio. Y siempre lo piden.
– ¿En qué ocupa su tiempo libre fuera del escenario?
– No tengo días libres porque me ocupo de restaurar motos y autos antiguos, los colecciono y algunos reacondiciono. Tengo seis Ford A, de distintas versiones: descapotable, techo rígido, son varios modelos. Un camión de auxilio del año 1931, una joyita antigua que no se ve en ninguna parte. Un Chevrolet modelo 28, incluso me muevo en un Káiser Carabina de 1958 con motor Torino y caja ZF. Además, pude comprar un campo y con mucho esfuerzo tengo ahora trabajo en siete hectáreas de viña para producir vino Malbec. Tengo una cola inquieta. Siempre estoy haciendo algo. Entre las viñas me crié. Es de tradición de mi padre y mi abuelo que eran sanjuaninos. Mi familia paterna es de allí y seguro me reencontraré estos días con ellos. Eso me ayuda a escapar del estrés, juntándome con amigos y parientes entre canto y guitarreadas. Es terapéutico para mí.
