Para los jóvenes que hoy se dedican a cosechar uvas y gamelear, ya poco se preocupan porque su labor sea reconocida por los dueños de las fincas en donde trabajan. Por el contrario, la mayoría lo hace porque no “le queda otra” o para “sumar unos pesos en verano”. Si bien, algunos son hijos de viejos cosechadores, gran parte llega a las viñas sin conocer demasiado cómo es el oficio. Los jóvenes -por lo general- piensan en el rendimiento que tengan en la jornada -que se traduce en más ganancias-, que por utilizar una técnica depurada para cortar la uva del parral: cortan los racimos con la mano, no lo limpian de hojas y de granos en mal estado y se sumergen en su mundo, por lo que algunos optan por “enchufarse” un mp3 o poner la radio a todo volumen para que la cosecha se haga más llevadera, apremiados por jornadas que en las sombras del parral llegan a superar los 35 grados.
