�Teresa Michieli, del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo Mariano Gambier, fue quien investigó y dirigió el trabajo de rescate de este petroglifo. Contó que primero se procedió a su documentado con la toma de fotografías y el calcado de los petroglifos. Luego se lo cubrió con una capa de yeso, tela y papel para proteger los grabados. Y con una máquina se removió material del lugar para liberar la parte incrustada de la piedra. Finalmente, con una máquina especial se procedió a su extracción para luego trasladarla y dejarla en un depósito del campamento.
