Noemí Sánchez, desde que llegó en vuelo sanitario a Buenos Aires el 21 de septiembre, practicamente no salió del hospital. Apenas lo hizo ayer y sólo para que su hijo viera el verde del jardín externo desde uno de los pasillos aéreos de ingreso al Garrahan.
“No lo podría dejar solo, no quiero ni salir a dar una vuelta a la manzana y no lo voy a hacer hasta que nos vayamos a casa”, dijo la mujer, quien está embarazada de 7 meses. Ella come junto a Ismael (el hospital entrega la comida tanto a paciente como acompañante) y pese a que pudo ir aunque sea un rato al hotel que solventa el Ministerio de Desarrollo Humano a modo de colaboración con la familia, se mantiene firme en el lugar. Y no piensa moverse hasta el alta.
“Estoy embarazada de un varón y el Ima quiere que se llame como él, pero ya le dije que no se puede”, contó sonriendo Noemí. Ella en todo momento se muestra fuerte, pero a veces el dolor la derrota y sale a llorar al pasillo, para que su hijo no la mire. “Es terrible lo que pasó. Sólo agradezco que está vivo, que lo puedo abrazar”, se descargó.
Además, su otra hija, Ana Paula, de dos años, quedó en San Juan al cuidado de los abuelos. Y Noemí la extraña.
La mamá también recibe atención psicológica y sabe que de acá en adelante deberá afrontar duros momentos en la recuperación de su hijo. “Estábamos por ir a festejar el Día de la Primavera, pero esa tarde terminé en el Garrahan y rezando por mi hijo. La vida cambia de un segundo a otro. Pero vamos a salir adelante”, contó.
