La globalización como proceso transformador ha traído consigo internalización de los mercados, el flujo irrestricto de los capitales financieros, la liberación del comercio, la desaparición de fronteras para el terrorismo internacional, la conexión mundial de las organizaciones criminales y la interconectividad de las comunicaciones y la industria informática, todos ellos transformaron la vida humana sobre el planeta y mejoraron considerablemente la calidad de vida de una parte de la población mundial.
Algunos la califican como impulsora y causante de importantes factores positivos en el área de la economía mundial y otros, por el contrario, le achacan el ser generadora de desempleo y de graves males que afectan, sobre todo, el mundo de los pobres.
Es muy importante aquel mensaje de Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Paz, en Enero de 1998 en el que dijo que "Estamos en los umbrales de una nueva era que conlleva, a la vez, grandes esperanzas e inquietantes puntos interrogativos". Lo que preocupa al Papa, no es la globalización en sí, sino el impacto negativo que está teniendo sobre los pobres, como personas y como países, por lo que propuso que los organismos internacionales deben promover el sentido de la responsabilidad respecto al bien común para lograr una sociedad más equitativa en un mundo que encamina hacia la globalización.
Es necesario comprender que nunca se debe perder de vista la centralidad de la persona humana, fundamento de todo proyecto social. El objetivo es construir una globalización sin dejar a nadie al margen, debe ir unida a la solidaridad.
Más allá de interpretaciones favorables o recriminatorias, es un hecho que el fenómeno de la globalización está teniendo inmensas repercusiones a nivel mundial, sin embargo, día a día se ve más claro que está afectando y configurando el futuro inmediato a nivel planetario. Todos estamos atrapados en ella, no sólo es imparable, sino que sus efectos se irán sintiendo con un impacto creciente, en toda la sociedad. Nos queda una sola opción lógica frente al bombazo planetario de la globalización: la de trabajar para que sus claras tendencias deshumanizadoras, elitistas y discriminadoras se tornen en factores de humanización, de mayor participación y democracia, a través de nuestra capacidad de discernimiento nuestros aportes teóricos y nuestras actitudes personales.
Resumiendo podríamos decir que en la era de la globalización el mundo se ha quedado sin control, pero cuyas consecuencias podemos ordenar.
