Desde mediados del siglo XX las Lagunas de Guanacache sufrieron un proceso de degradación debido a múltiples factores, entre los cuales se destaca la erosión de los suelos lacunares por el manejo inadecuado del agua que llegaba al sitio desde los ríos tributarios de los oasis aguas arriba. La deforestación, la pérdida de cobertura vegetal por sobrepastoreo del ganado y la invasión de especies exóticas son factores que aceleraron dicho proceso. La preocupación por esta situación llevó en 2011 a la creación del Sitio Ramsar Lagunas de Guanacache, Desaguadero y del Bebedero -compartido por las provincias de San Juan, San Luis, Mendoza y la Administración de Parques Nacionales-, con el objetivo de restaurar los principales humedales que conforman el complejo. Pero los efectos del cambio climático, cada vez más visibles, jugaron una mala pasada y por más de 8 años hasta ahora dejó de llegar a esta zona el agua necesaria para abastecer las represas en las que se había trabajado.
En lo que ha sido caratulado como un milagro, por las condiciones climáticas y ambientales que hicieron que el pasado invierno hubiera pocas precipitaciones níveas en la alta cordillera, el Dique Potrerillo logró esta temporada su cota máxima y posibilitó la apertura de compuertas que hizo que el agua se canalizara por el río Mendoza hasta la zona de las lagunas, generando nuevas expectativas y esperanzas para las poblaciones que han logrado subsistir en medio de una sequía sin precedentes y que casi ha terminado con la mayoría de las actividades que históricamente se han realizado en el lugar, como la crianza de ganado, el cultivo de productos agrícolas y la pesca que en algún momento estuvo muy difundida.
La llegada del agua hasta las lagunas principales no sólo alegró a las comunidades de la zona, entre las que hay varias autóctonas o indígenas como la comunidad huarpe, sino que hizo que todo el trabajo de recuperación de humedales a través de obras con las que se contrarrestó la degradación de los suelos pueda ser aprovechado ahora para el inicio de una nueva etapa con el agua como base de esta recuperación.
Hay que tener en cuenta que en esta amplia zona se han concretado estudios hidrológicos, topográficos y de ingeniería con una metodología de trabajo que incluyó la sabiduría de la comunidad. En todo momento el objetivo fue recuperar los servicios de los humedales. Las obras de restauración consistieron en terraplenes o trampas de sedimento.
Es de esperar que todo lo que se ha hecho se pueda aprovechar, de ahora en más siempre que haya una continuidad del caudal del río Mendoza o mejore el régimen de lluvias, en el fortalecimiento del manejo de la sustentabilidad y la sostenibilidad en el tiempo de las distintas actividades económicas y socio-culturales de la zona. El nuevo escenario ambiental, con posibilidades de alimentos para el ganado y posibilidades de cultivos para abastecimiento familiar, situaría a estas comunidades en un espacio renovado.
