Con gran satisfacción leí en DIARIO DE CUYO la intención de poner nuevamente en valor las aguas termales de Agua Hedionda, lo que trajo a mi memoria algunas gestiones realizadas en la parte pública y privada para poner también en valor turístico el resto de las fuentes de nuestra provincia.
Han habido estudios básicos turísticos referidos a las agua termales, basados en un libro de investigación consistente en un trabajo encomendado por el General Perón, que informan sobre la presencia de sesenta fuentes de aguas minero-medicinales en San Juan, que dieron origen al Hotel Termas Pismanta (1950), para el turismo social, y las Aguas del Salado, que se utilizaban para embotellar. También podemos mencionar el Hotel La Laja (1938-1977) y la existencia de algunas precarias explotaciones en los baños de Talacasto y Rosales, y una construcción en Agua Hedionda, que siempre cumplió otras funciones.
Por eso considero que si no era por falta de conocimiento, entonces hubo una carencia de interés por lograr un desarrollo integral en su aprovechamiento departamental o provincial, y esto es preocupante ya que las aguas termales son un recurso natural social y económico y nuestra provincia es pionera respecto de su uso, al reconocer sus habitantes su calidad medicinal.
La falta de desarrollo de este recurso motivó mi interés de participar en congresos en el extranjero y en el país, sobre aguas termales, donde llamaba la atención a los entendidos de la calidad de las mismas. También colaboré con diputados de la provincia en la elaboración de un proyecto de Ley para la explotación de aguas termales, sin resultados concretos en aquel momento. En el sector privado, con un grupo de Lamas que querían explotar Agua Hedionda, contribuí con un proyecto para el desarrollo integral de esas fuentes y de la demanda de estos servicios.
Actualmente nuestros centros termales, a excepción de uno que hace tiempo está en ejecución, son precarios y resultan siempre escasos comparados con la demanda, si se tiene en cuenta los existentes en otros centros termales del país. Nuestra provincia no tiene la calidad de servicios o la capacidad que se ofrecen en otros mercados como tampoco la debida promoción, en el sentido de que San Juan es un centro termal, no sólo un hotel.
En el caso de los barros, si bien hay una marca establecida, la misma no está difundida como la debería ser para su mayor comercialización.
(*) Licenciada en Turismo.
