El drama cotidiano de la llegada de miles de refugiados a las costas europeas, se agrava con el mal tiempo que antecede al invierno boreal. El riesgo de la travesía es mayor y complica las tareas de recepción y ubicación de la gente que huye de conflictos armados, persecuciones y de la miseria crónica existentes en los lugares de origen.
Según el plan invernal, publicado la semana pasada por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), se espera una llegada diaria de hasta 5.000 personas hasta febrero próximo, todas procedentes de Turquía, una de las puertas de escape hacia un futuro incierto, aunque seguramente mejor que las penurias sufridas hasta la decisión de huir. Las cifras del organismo internacional indican que más de 744.000 refugiados e inmigrantes han atravesado el Mediterráneo en el transcurso de este año, por lo que si se le suman los 300.000 calculados para los dos últimos meses de 2015, la cifra total superaría el millón de personas.
Hasta septiembre último, el promedio de ingreso mensual fue de 172.000 migrantes, pero en octubre se elevó a 218.000 a pesar del empeoramiento del tiempo y aumentando el peligro de cruzar el mar en embarcaciones muy precarias. De las casi 750.000 personas que han sorteado la incierta travesía este año, el 65% son hombres, el 20% niños 14% mujeres y al menos 3.440 personas perdieron la vida durante el cruce.
Frente a este panorama se encuentran las preocupaciones, tanto de la Unión Europea como de la ACNUR, el brazo ejecutivo del salvataje, con crecientes desinteligencias políticas por el factor económico para sostener semejante avalancha humana. A toda máquina se trabaja en la preparación, adaptación y mejora de los centros de recepción ya existentes, agregando nuevos refugios de urgencia, como tiendas para familias y unidades de acogida adaptadas con calefacción.
Se trata de una doble lucha, al empeorarse las condiciones climáticas en la región, las que exacerban el sufrimiento de miles de familias que arriban a Grecia y atraviesan los Balcanes, lo que puede llevar a más pérdidas de vidas si no se toman medidas de forma urgente, alerta la agencia de la ONU. Y todo esto todavía se encuentra en la etapa de salvataje, porque queda por definir cómo se asegura una vida digna a tantos desposeídos.
