Incluso el ex gobernador de la Florida Jeb Bush y el senador Marco Rubio -que tomaron cierta distancia de las declaraciones de Trump- parecían esforzarse por no desafiar demasiado enérgicamente la demagogia populista de Trump, que culpa a la inmigración ilegal y a México de gran parte de los males de Estados Unidos.
Cuando el moderador, Chris Wallace de Fox News, le preguntó a Trump si tiene evidencias de que México está "enviando” delincuentes, Trump evadió la pregunta, pero Wallace lo presionó y dijo: "La patrulla fronteriza… la gente con la que trato, con los que hablo, ellos dicen que esto es lo que está pasando”. Trump no dio un solo nombre, ni estudio, para apoyar su afirmación. Pero ninguno de los otros nueve aspirantes republicanos le salió al cruce señalando que estaba diciendo medias verdades, o disparates completos.
Ninguno citó cifras recientes de la Oficina del Censo que muestran que el flujo de inmigrantes mexicanos a EEUU ha caído desde 400.000 por año hace una década, a unos 125.000 en la actualidad. Nadie confrontó a Trump con las últimas cifras que muestran que ya hay más indocumentados procedentes de China que desde México.
Ninguno, con la posible excepción de Bush, hizo un alegato contundente señalando que la enorme mayoría de las 34 millones de personas de origen mexicano en EEUU son gente buena y trabajadora. Bush dijo que la mayoría de los indocumentados son gente que "quiere mantener a sus familias, pero tenemos que controlar nuestra frontera”. Es cierto que Bush también dijo que apoya una vía condicionada para un status legal para los indocumentados, pero al mismo tiempo se declaró en contra de una "amnistía”. Rubio, por su parte, le respondió a Trump que la mayoría de los inmigrantes indocumentados no provienen de México, sino de Centroamérica.
La razón por la que nadie se atrevió a destrozar el relato de Trump es que ninguno quiso perder los votos de muchos republicanos conservadores que están de acuerdo con la retórica de Trump, que como la mayoría de los nacionalistas-populistas, aprovecha el resentimiento de muchos que buscan un chivo expiatorio tras la crisis económica de 2008.
En el poco probable escenario de que Trump gane la nominación, es casi seguro que el Partido Republicano perderá las elecciones generales, porque no hay manera de que Trump pueda ganar el 44% del voto hispano que los republicanos requieren para ganar. Y si Trump no gana la nominación republicana y decide presentarse como un candidato independiente, como él mismo se considera, le robará al partido millones de votos que ayudarán a que la probable candidata demócrata Hillary Clinton sea electa presidente.
