Si algo puede percibirse entre los brasileños, es que la elección general de mañana está lejos de imponerse como algo de vida o muerte. "Todo está muy tranquilo. Algunos todavía no deciden su voto, porque acá en Brasil no se vive la política con tanta pasión como en Argentina", comenta Leandro Saiz.
Aunque nació en Brasil, Leandro es hijo de sanjuaninos y llegó a estar algún tiempo en Córdoba. En las calles del municipio brasileño de Londrina, donde él vive, "encontrás gente de distintos partidos políticos haciendo campaña. Todos con banderas, uno a cinco metros del otro. Están en semáforos y rotondas entregando folletos. Es gente paga que se queda horas y horas, pero que nunca provoca disturbios".
Londrina está al Norte de Paraná, un estado brasileño cuya capital es Curitiba. En esa ciudad, "la propaganda parece inadvertida", según el sanjuanino Leonardo Guerrero Campayo. "No se puede pegar nada en las paredes. Todos los afiches que ves tienen que estar como en un trípode, porque a las diez de la noche tienen que sacar todo", cuenta Leonardo, que pasó de vivir en Santa Lucía a trabajar en la petrolera Exxon mientras reside en Curitiba.
En Brasil, donde toda rutina de campaña parece más organizada que en Argentina, son tantos los candidatos que sus nombres son tan importantes como el número que los identifica. "Las banderas y folletos políticos tienen la foto y el número del candidato,
"En todos los jingles y publicidades está el número del candidato. A la candidata presidencial oficialista no le importa que recuerden que se llama Dilma Rousseff. Lo único que quiere es que sepan que tiene que entrar y marcar el número 54 a la hora de votar", coincidió Leonardo, mientras recuerda haber visto varios autos con calcos de campaña.
Lo que prácticamente no existe son movilidades "con altoparlantes haciendo propaganda política. Tampoco hay grandes manifestaciones. Cerca de mi casa hay un lugar donde se hacen reuniones de vez en cuando. Pero nada estruendoso", cuenta la albardonera Adriana Pugliese de Saiz, que se instaló en Londrina cerca de su hijo Leandro.
Los brasileños viven la elección con "poco entusiasmo, sin deseos de votar. Hasta yo parezco más entusiasmada que ellos, y eso que no voto", cuenta Adriana, quien llegó a dar clases de castellano en el país vecino que mañana elige presidente, legisladores nacionales, gobernadores y asambleístas regionales.
¿Indiferentes?
Para muchos, Brasil va a continuar su exitoso rumbo económico, más allá de quien gane en esta elección. Por eso, los brasileños "no están todo el día pensando en la elección. Porque el país ya está bien desde hace años. Entonces no tienen mucho para pensar en qué pueden cambiar con un nuevo presidente", explica Leonardo Guerrero Campayo.
En la misma sintonía, Adriana interpreta que a "los brasileños les interesa seguir trabajando y pensando cómo progresar, independientemente de quien sea el nuevo gobernante. No discuten tanto sobre política como los argentinos". Las elecciones "se diluyen mucho en Brasil, porque es un país muy grande, con varias actividades económicas", remata Adriana, que vive con su esposo, un médico sanjuanino.
Para su hijo Leandro, licenciado en comercio exterior, "la gente no especula con que llegue a haber variaciones del dólar" tras las elecciones. "Ni siquiera se habla de eso acá. La bolsa, los intereses y el nivel de empleo no van a variar", agrega Saiz sin ocultar sentirse sorprendido por una elección en la que se candidatea desde una empleada domestica hasta un ingeniero.
En Londrina, "mucha gente te dice que vota por uno y después cambia y te dice que vota por otro. Gran parte del electorado se va a decidir en el momento de votar. Ni siquiera yo tengo un candidato firme", explica Leandro. A tal punto puede llegar la falta de interés político que "hay gente confundida que cree que la candidata presidencial que representa a Luiz Inácio Lula Da Silva es la esposa del presidente", cuenta Leonardo entre risas.
Pero hoy, todo empezará a diluirse con una votación que se espera que sea "rápida, al igual que la difusión de los resultados, porque desde hace años se vota en urnas electrónicas", cuenta Nilda sin ocultar el cansancio de tanta propaganda política.
Eran "50 minutos diarios a la una de la tarde y otros 50 minutos a las nueve de la noche de espacio obligatorio para propagandas. Era mirar o apagar el televisor".
