Sesenta años han pasado desde que el 11 de septiembre de 1956 don Antonio de la Torre encabezara el grupo de literatos sanjuaninos decididos a agruparse a imitación de la Nación con Lugones 28 años antes- como la SADE (Sociedad Argentina de Escritores). Nombres que hoy son memoria y legado, pasaron por esta entidad dejando plasmados en libros de un valor impregnado de calor y color local, su pensamiento e ideario.

Este valle nuestro, ocre, hirviente, como lo calificara Juan Conte-Grand, tuvo plumas encumbrándose a la cima más alta de la precordillera a cantarle al desierto bendecido por el agua, a ésta, encasquetada en cúmulos de nieve eterna en las alturas y bajando por las rocas que en silencio alejan de las garras de la codicia el mineral y son sus centinelas, o espejada en la mansedumbre de un espejo natural pero creado por obra y gracia del hombre. Las viñas se aparejaron para la labor del labriego en las rimas de los descendientes de inmigrantes españoles y el proceso entero fue -desde los pámpanos a la fiesta vendimial- descripto una y mil veces renovándose pleno de miradas diferentes, desde las líricas a las expertas y científicas o simplemente dando vida a los relatos ambientados en la simbiosis de la Pericana, la siesta y el parral… El bramido de la tierra, el Pie de Palo y Villicum vigías en uno y otro extremo, el Zonda, polvoriento abrazo de sequedad moderador del carácter más bravío…los ranchos, la figura materna, la ciudad sepultada en los escombros inexplicables de los que recién ahora pueden elevarse otras voces atravesadas por más curiosidad que dolor a hacer preguntas y animarse a dar respuestas…fueron síntesis de lo realmente cotidiano en la expresión escrita. Todo ello, matizado por las vidas ilustres y siempre ponderadas de nuestros próceres y nuestras gestas donde algún sanjuanino haya tenido actuación y por supuesto por las recopilaciones históricas y geográficas de toda índole por parte de eruditos que hoy son nuestro orgullo.

Otra realidad iba a sostenerse más adelante con la llegada de voces que planteara una forma de escribir y de sentir la localía traspasando los lugares comunes, hacia el habla regional, los pueblos originarios y lo más profundo de la tierra sanjuanina. Algunas novelas empiezan a aparecer con timidez a contarnos historias que no se amparan ni se mueven en ámbitos en los que la narrativa ya está superpoblada, sino que intentan otros rumbos y vuelos.

Testimonios de vida y problemáticas muy actuales nos empiezan a pedir terreno -y a ganarlo- desde la fuerza del poema, al relato descarnado. Se escribe hoy con menos miedo de decir y la expresión se puebla de otros matices que la refundan, que marcan un hito de lo que es y no es literatura sanjuanina hoy.

SADE en la última década ha presentado libros de profundos temas sociales a los que no escapamos. Nos interesa promoverlos, para aportar a la necesidad de no quedarnos solo con aquellos ‘decires+ y ‘sentires’ que siempre nos han acompañado y que implican quizás la versión hipócrita de que está todo bonito mientras lo que nos circunda es otra clase de realidad y la sociedad -que vive en cada vez más frenéticas mudanzas- nos lo demuestra en lo cotidiano.

Seguimos la huella indeleble de los mayores. Pero el paso firme que llevamos tiene el empuje de lo tecnológico, la maravilla de la comunicación masiva, el fuego sagrado de la inspiración que es cualidad inherente del ser escritor y algo que nos distingue: el amor inconmensurable por esta tierra sanjuanina donde desarrollar lo que más nos gusta a partir del magnífico don de la palabra que nos ha sido legado para modelarla de la forma que mejor sabemos: por escrito.