Jorge Alé (27 años, carpintero) recordó que regaba con una manguera, afuera, cuando vio salir a mil del interior de su casa al menor de sus dos hijos, un nene de 3 años. También precisó que casi no pudo entrar a la vivienda por la espesa humareda provocada por un incendio que avanzaba sobre sus muebles y su casa. Y que entonces ocurrió algo que no esperaba: un montón de manos y sudores vecinos que se sumaron para poder recuperar algunas de sus cosas del interior de la vivienda e improvisaron una cadena de ayuda sacando agua de sus propias casas para combatir con éxito el incendio “antes que llegaran los Bomberos”, dijo Alé.

Jorge tampoco imaginó que, luego, esos mismos vecinos y sus familiares se unirían para que la transición entre quedar prácticamente sin nada y volver a empezar sea más rápida y leve: unos aportaron mercadería, otros colchones, otros ropa y ayer tenía la promesa de que le darían camas, contó el mismo joven.

Por eso la tajante repuesta de Jorge cuando el cronista le preguntó si se podía publicar algún número telefónico de la familia por si alguien deseaba colaborar: “no, le agradezco, perdimos casi todo pero con la ayuda de nuestros vecinos, familiares y hasta los directivos de las dos escuelas que tenemos acá cerca, ahora será más fácil recuperarnos de esto”, dijo ayer, sin ocultar su sonrisa en medio del hollín que teñía de negro las paredes de ladrillo de su casa, lo único que quedó en pie.

El siniestro que afectó a los Alé ocurrió alrededor de las 20.15 del domingo en la casa que hace tres años construyó al lado de la de sus padres en el barrio Las Piedritas I, unos 200 metros al Oeste del canal Céspedes, entre las calles 9 y 10, en Pocito.

A esa hora el dueño de casa usaba su manguera para regar mientras su esposa y el mayor de sus niños, de 7 años, estaban en la casa de sus padres. Fue ahí que vio al más chico de sus varones salir de la casa corriendo porque, luego supo, había prendido fuego con el encendedor en una de las camas de esa habitación grande que dividió en dos dormitorios usando dos roperos.

El incendio destruyó dos camas, los roperos con casi toda la ropa de la familia, calzado, un televisor, dos ventiladores, los útiles escolares del mayor de los niños. Y también todo el techo de cañas, palos y barro de la vivienda, dos puertas y cuatro ventanas de madera. Sólo un freezer y otras cosas de la cocina-comedor pudieron salvarse, por la oportuna solidaridad de sus vecinos.