En este opaco siglo XXI nadie parece dormir en paz. Las ideas caen. El mundo oscila. La tierra tiembla. El problema y el misterio fluyen vertiginosamente. La inseguridad bloquea. La mentira, el orgullo y perjurio corren por doquier. Ellos, son mis tentáculos para rasguñar los corazones, que parecen de piedra sólida ante la realidad. ¿Espiritualidad? ¿Vida? ¿Educación? ¿Trabajo? Pero, ¿qué significa eso? Me asusta. Parecería que la naturaleza humana quiere dejarse vencer por el creciente colapso tanto demográfico, solidario, como de interioridad.
El apocalipsis resurge con esplendor de una vieja biblioteca para volver a estar presente. Para mi el apocalipsis es más literario que demoníaco, pero como me siento expulsado del paraíso, no puedo dejar de irradiar al mundo los problemas finales. Mis destellos fulguran el presente de apariencia e incertidumbre.
Siento que Estoy en cada rincón donde se trafica droga y se corrompe la Ley. O, en la misma tierra inhóspita de hombres que veneran solo el misterio de la oscuridad e idolatría.
Confundo a la gente, haciéndole ver como buenas las cosas, cuando en realidad solo me es apariencia. Con la imagen seduzco a los jóvenes para que caigan presos de la nada. Es mejor hacerles ver que nadie puede cambiar las cosas. La educación prohibida, el sexo prohibido o todo lo negro, inundan mi ser. Busco escapar del viejo iluminismo con el "nuevo iluminismo luciferano”, lleno de podredumbre e ignorancia. Lo malo que reivindico consiste en la destreza seductora de la duda, confundiendo las cosas u ocultándolas.
Pero, ¿para qué la disciplina? Me gusta el libertinaje mismo para inundarme en la nada. El relativismo resulta aquí el trono de mi mundo, con la corona humana en mi cabeza. En este planeta de insectos digitales, que cuestionan todo e ignoran su identidad actual, estoy mas seguro que nunca. Es que en las mismas obras del talentoso pensador Sartre encuentro un lugar. El "homo” busca ser como Dios, a su manera. Con esta libertad actual me veo sólido. Aplaudo, cuando surge como un dios a "imagen y semejanza” de la computadora. Me hinco y me doblo ante el animal racional con grandes avances, pero a la vez de insólitas discriminaciones.
El mal me seduce. Pero, no todo lo muestro tal como es. También, me disfrazo de bien para poder avanzar, sin exponerme. Por ello, recuerdo a Soren Kierkegaard, cuando criticó las razones en el campo filosófico, donde Dios resulta un desconocido para la inteligencia humana actual. O, la filosofía de la existencia alemana con M. Heidegger, y de K. Jaspers, donde Dios demostrado, ya no es dios, sino una "cosa” en el mundo. Es que con este dogma, alimento la toma de conciencia de las situaciones límites, que conducen al seguro fracaso absoluto. Quiero invadir el universo de muerte, azar, detrás de las amenazas de la naturaleza y la impotencia de las sociedades. Precisamente, la misma libertad humana que es para J. P. Sartre y Merleau-Ponty, incompatible con la de un Dios absoluto, me es útil ¿Será por la vana picardía y solidez que me dicen "diablo”? ¿O será tal vez porque sé actualizar el existencialismo de Sartre, como un gran ateísmo? ¿Por qué, aquí en este increíble duelo del hombre consigo mismo, o es el "hombre o Dios”? Por lo tanto, la humanidad sólo me interesa como una mera "pasión inútil”. Hago sentir la incertidumbre como un gran hechizo.
No obstante, ¿sólo creen que busco difundir la maldad para eliminar a la bondad? Es que la vida según el pensador G. Marcel está erotizada de "problemas y misterios”. En ocasiones, priorizo más el problema, porque está todo "ante mí", o en mi dominio. Aquí mi problema cabal es el de la duda. La ambigüedad. Impero aquietando de terror. Sólo me importa el escudo agónico del sin sentido. Busco la necesidad de la arbitrariedad para promover divisiones, vanidades y mentiras.
En otras ocasiones, valoro el misterio, porque me intriga "desde adentro”, pero sin dominio. Aquí me desvelo en mí ser, tal cual soy, al igual que la obra literaria de la "Posesión de Loudun”. En ella, sentí la tragedia real de Grandier en Francia, que fue condenado en el legendario convento Urulino en Loudun, cuando se desempeñaba al frente de St-Pierre-du-Marche, de conjurar demonios en sus cuerpos. Allí, la principal evidencia contra Urbain Grandier para llevarlo a la hoguera fue un contrato. Este pacto (tal vez más psicológico), fue el que dijeron que el firmó conmigo (Satán) y un grupo de seguidores: Astoroth, Bercebú y Leviatán. Una magra historia de intrigas, política, malicia, mentira, poder, delirio y locura.
Pero, en el misterio y el problema no busco eliminar el bien. Al contrario, apunto solo a herirlo. Es que el mal me conviene, pero a costillas del bien. Sin él, quedaría expuesto, como en la obra de Loudun. Por ello, me camuflo en el misterioso disfraz hipócrita de la nada. Al respecto, mi única ambición es sembrar problemas, bajo el misterio de la duda. Pero, para conducir mi reino al podio triunfal, sólo me hace falta recuperar un viejo mal problemático primordial: el maléfico autoritarismo.
