Para algunas personas la montaña es como un imán que ejerce una fuerte atracción, por eso suelen ir a explorarlas. Para otras, resulta un verdadero enigma. En San Juan hay quienes comienzan desde niños a incursionar en la aventura de descubrir otras aristas de la naturaleza. Y como esta actividad lo permite, también están aquellos que se inician en edad adulta, hombres y mujeres por igual. En la montaña se puede dejar el estrés de la vida cotidiana. Por eso sirve además como actividad terapéutica, afirman los especialistas.
En San Juan, la entidad madre que agrupa a los montañistas es el Club Andino Mercedario, que tiene alrededor de un centenar de socios activos.
Entre ellos está Emilio Molina, que a sus 40 años de edad, lleva la mitad de su vida en la actividad. El hombre cuenta que esta actividad puede ser un hobby que permite el aprendizaje de valores y también puede tomarse como una actividad deportiva.
El especialista explica que los niños de 8 años en adelante pueden comenzar a practicarlo. Siempre que se trate de excursiones guiadas por expertos en la materia.
Por lo general las primeras experiencias son salidas a lugares cercanos a Capital, es decir, la precordillera de Zonda, por ejemplo.
Es recomendable que los chicos vayan vestidos con zapatillas cómodas, jean, remera y una campera liviana, además de la clásica meriendita, que puede consistir en un sánguche. Para beber es preferible llevar agua y no jugo, debido a que este último contiene azúcar y causa más sed.
En las excursiones se aprende a conocer y disfrutar de la naturaleza, armar una carpa y aprender valores como la solidaridad, compañerismo, respeto y amistad.
Otro experimentado en la montaña es Luis Tanoni. Tiene 36 años de edad y 32 de experiencia como escalador y esquiador. "Entre las cosas importantes que se debe tener en cuenta es no tener miedo a la montaña, pero si mucho respeto". Agrega que, "en las excursiones, los chicos suelen ir tomados por una soga para caminar todos al mismo ritmo y los guías tienen un contacto visual directo con ellos. Las medidas de seguridad son extremas", cuenta el profesional.
Cuando se trata de adultos la metodología es similar a la empleada con lo niños. De modo que las personas puedan adaptarse a una caminata y a la geografía a visitar.
Con un tiempo relativo de experiencia en distintas salidas a la montaña, ya se puede subir cerros de entre 4.000 y 5.000 metros de altura en expediciones que pueden durar entre 5 y 7 días. Esto significa mayores costos en equipamiento, pero eso no es problema, porque nunca se compra todo a la vez, sino con el paso del tiempo. En ese sentido los costos no son tan elevados, cuenta Tanoni.
Los adultos principiantes comienzan a experimentar el camino a la montaña con excursiones de mediodía, un día y luego se incrementa. Todo depende de la aptitud física. Eso define a que altitud puede llegar o si sólo va a excursiones de trekking liviano por pequeñas lomas.
Cuando se hacen excursiones que duran más de un día, se le pide a cualquier principiante un certificado médico. Consiste basicamente en un electro cardiograma y otros exámenes para determinar si tiene enfermedades como asma o bronquitis crónica, en cuyo caso no es recomendable la experiencia, cuenta el profesional.
Montaña saludable
La actividad del montañismo también tiene beneficios para la salud, en especial para bajar a la mínima expresión el estado de estrés en los adultos. Así lo cuenta Beatriz Coria, licenciada en Terapia Física, que se recibió en la Universidad de El Salvador, Buenos Aires. La profesional fue la única mujer que hace un par de años llevó a cabo el cruce de la Cordillera de Los Andes a pie, junto a miembros de la parroquia de Fátima, de Rawson.
"Cuando la gente va a expediciones a la montaña comienza a conocerse a sí mismo en resonancia con la naturaleza. Vemos que cada persona comienza a descubrir su propio ritmo. Ir a un cerro para disfrutarlo y no para competir en el afán de hacer cumbre. Ese es el comienzo para buscar la tranquilidad necesaria y de esa forma quitarse los temores de encima", cuenta la profesional.
"Mucha gente no va a la montaña porque le provoca terror. Son esos miedos que se combaten con sólo reflexionar en medio de la inmensidad de la naturaleza. Por eso les enseñamos a desarrollar todo su potencial. Es un modo de vida que nos acerca a nuestra escencia de vida y no a la mecanizada como lo impone la vida moderna", cuenta Coria.
