La sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), ubicada en la calle Pasteur 633, en pleno corazón del barrio porteño de Once, era virtualmente demolida hace 20 años por un atentado terrorista que ocasionaba 85 muertos y más de 300 heridos.
A las 9.53 del lunes 18 de julio de 1994, una explosión sacudió Once con una onda expansiva que afectó a más de mil viviendas en seis cuadras a la redonda. La gran mayoría de los heridos fueron trasladados al Hospital de Clínicas.
Todavía estaba fresco en la memoria el atentado anterior. El 17 de marzo de 1992, la comunidad judía fue objeto de otro ataque, cuando una camioneta Ford F-100 explotó frente a las puertas de la Embajada de Israel, que entonces se ubicaba en el barrio porteño de Retiro, y como consecuencia de lo cual murieron 27 personas y más de 100 resultaron heridas.
Dos años después, la historia se repetiría con el mayor atentado perpetrado en Argentina.
El viernes 15 de julio de 1994, tres días antes de la explosión, una Trafic blanca fue estacionada en la playa de estacionamiento Jet Parking, a tres cuadras de la sede de la mutual, ubicada en Pasteur 633 e inaugurada en 1945.
Cuando faltaban 7 minutos para las 10 de la mañana del lunes 18, ese vehículo, cargado con 400 kilos de un explosivo de nitrato de amonio, TNT y nitroglicerina amonal, se estrelló contra el edificio en una hora pico.
La explosión produjo un cráter de seis metros de profundidad y daños materiales por 15 millones de dólares, mientras que la onda expansiva dejó sin agua y sin luz a las manzanas vecinas y destruyó decenas de propiedades de la cuadra.
En total, 77 víctimas estaban dentro de la sede de la mutual judía y otras 18 en la vereda o en edificios aledaños al momento del atentado.
El entonces juez federal Juan José Galeano asumió la investigación y estableció, a los pocos días del hecho, que el ataque había sido perpetrado por el terrorista suicida, Ibrahim Berro, un ciudadano libanés de 21 años, que chocó una camioneta Traffic contra la entrada de la mutual.
El hallazgo del block perteneciente al motor de este vehículo, entre los escombros del edificio por parte de militares israelíes que participaron de las tareas de rescate, permitió establecer esta línea de investigación.
Por los datos extraídos del block se identificó al vendedor de la camioneta: Carlos Telleldín, un comerciante de autos usados que solía tener tratos con efectivos de la Policía bonaerense.
Al ser rastreadas las llamadas telefónicas realizadas por Telleldín, se detectó que una semana antes del atentado habló con Alberto Kannanore Edul, un empresario de origen sirio ya fallecido.
Entre la documentación que se le secuestró a Edul, se encontró una agenda en la que figuraba el nombre de Moshe Rabbani, un clérigo persa, consejero cultural de la embajada de Irán. Era la pieza clave del grupo terrorista, las denominadas células dormidas, que utilizaba Teherán en diversos países.
En base a esa información, el funcionario judicial avanzó sobre la hipótesis de un atentado ejecutado por la organización Hezbollah y financiado por el gobierno de Irán. Pero la causa fue anulada por reiteradas irregularidades cometidas por Galeano y se abrió una nueva a cargo del juez Rodolfo Canicoba Corral que pidió a Irán la captura de 8 funcionarios iraniés. Pero Teherán se ha negado sistemáticamente a entregarlos. Hoy 20 años despúes, la masacre sigue impune. (Télam, Archivo).
