La Asamblea Nobel está compuesta por 50 profesores del Instituto Karolinska de Estocolmo en Suecia, y es quien determina y concede anualmente el Premio Nobel de Medicina. Este año, curiosamente, ha desviado su óptica de las complejidades investigativas de la biología molecular, que han modificado la entraña última de la pequeñez metabólica, para recordar a la especie primate mayor que los gusanos también existen, e integran el vasto campo ignorado mundanal y cercano que sufre sus dañinos efectos. Para ello es necesario hablar de los pobres y a ellos va dirigido el microscopio y la economía, al menos por este año. Los protozoos, helmintos y ectoparásitos han acaparado el interés de los objetivos y el denuedo de los cerebros académicos superiores. No deja de ser una candorosa compensación ante tanta deshumanización, incivilidad, armamentismo, vaciedad de cuerpos y de almas corruptibles, donde poco vale rezar.
Otra curiosidad resulta analizar que ninguno de los premiados es médico. Tampoco lo era el distinguido Dr César Milstein, argentino nacionalizado inglés, premiado en 1984 por sus trabajos sobre los anticuerpos monoclonales.
El microbiólogo, farmacéutico y químico japonés Satoshi Omura, es experto en aislar productos naturales y extrajo de un hongo común (como los originarios de la penicilina y la estreptomicina) nuevas cepas y las cultivó en el laboratorio, escogiendo luego una cincuentena para realizar estudios más específicos aplicados a la terapéutica potencial.
Se vincula con el químico irlandés William Campbell, octogenario trabajador de los laboratorios Merck y hoy investigador emérito de la Universidad de Drew en Madison, Nueva Jersey. De ese encuentro resulta la absoluta demostración que el compuesto químico denominado ivermectina, luego de su desarrollo y aprobación, es de inusual eficacia, con sólo una o dos dosis, en la terapia de las enfermedades parasitarias. Esta droga es conocida en Argentina hace más de dos décadas, y comercializada en envases de dos (valor: $120) y seis comprimidos con excelente resultado, siempre bajo prescripción médica y control, pues tiene efectos colaterales y riesgos clínicos.
Actúa como vermicida, acaricida y fungicida en diversas patologías producidas por gusanos (oxiuros, lombrices, tenia), ácaros (piojos, sarna, garrapatas) y algunos hongos. Es muy efectiva para tratar la oncocercosis y la filariasis, enfermedades muy graves y comunes en zonas pantanosas centroamericanas, asiáticas y africanas, que producen ceguera y elefantiasis de los miembros. Sólo por esto, más la desnutrición, más el paludismo, más el sida, más la tbc, más las ETS y otras siglas, en África mueren más de 28.000 niños pequeños por día.
La farmacéutica china Youyou Tu, nacida en 1930, graduada y residente en Pekín, dedicó parte de su carrera a investigar el tratamiento de la malaria o paludismo, una enfermedad endémica que padecen 500 millones de seres humanos, asiáticos y africanos en su mayoría, con una morbimortalidad del 10% anual. La transmite el mosquito Anopheles, que es el vector del protozoario Plasmodium y sus variedades, desconociendo drogas activas ni vacunas para su erradicación, entendiendo que hasta hoy ningún instituto, cuerpo sanitario o gobierno, se preocupó un ápice por hacerlo, pues los pobres existen, trabajan, votan, pero no consumen. La eminente china se agrega al inglés Ronald Ross que incriminó al mosquito y Nobel por ello en 1902, al médico militar francés Alphonse Laverán quien descubrió al parásito en los glóbulos rojos y su apellido dio nombre a la enfermedad hasta hoy, premiado en 1907, y al suizo Paul Herman Müller, Nobel en 1948 por el descubrimiento y uso del DDT, que en pocos años destruyó la biología toda, buena y mala, prohibiéndoselo en todo el mundo en 1970. Honor al mérito de la norteamericana ecoambientalista Rachel Carson (1907-1964), bióloga luchadora de ponderable valía y muerta joven.
Esta honorable pequinesa Tu, experta en terapia tradicional con hierbas chinas, encontró que la artemisisina asociada a otros compuestos cura la malaria, luego de "45 años de explorar, maravillarse y acertar+ en sus sabias palabras.
Los galardonados con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología 2015 representan "un cambio de paradigma en la medicina, proporcionando un tratamiento revolucionario a quienes sufren enfermedades parasitarias devastadoras. Sus beneficios promueven la sanidad pública, la prosperidad de los seres vivientes y el justo valor social de modo inconmensurable.”
Estos elementos científicos interdisciplinarios de culturas tan distintas, de conocimientos modernos aunados con otros milenarios, son responsables de un verdadero y contundente progreso para la salud y el bienestar de la pobre humanidad inerme.
(*) Médico Clínico.
