A medida que el mundo va cambiado se siguen observando modificaciones ligadas a los modelos tradicionales de familia, el rol de la mujer y la precarización laboral. Las nuevas infancias y adolescencias requieren de una escuela más flexible y con mayores recursos. También se observa una mala calidad educativa, producto de años de crisis, falta de políticas de Estado, desinversión y desprofesionalización docente, entre otros factores.

La escuela es una herramienta clave para el ascenso social. Es una de las pocas instituciones que quedó en pie en plena crisis del 2001. Ese rol de "contención”, entendido no sólo en lo "asistencial” sino en su sentido e interpretaciones más abarcativas continúa siendo clave como función de la escuela.

El punto no es dicotomizar entre estatal y privada, ni entre simple y completa, sino adecuar la mejor opción para el alumno. Lo ideal sería comenzar con políticas coherentes para un mejor funcionamiento en la educación pública tanto de gestión estatal como de gestión privada.

La educación está en crisis y los especialistas proponen que todos debemos involucrarnos para mejorarla.

Existió una buena comunidad educativa: docentes, padres y alumnos tuvieron un objetivo común: aprender.

Hoy, la Argentina tiene varios millones de personas con necesidades básicas insatisfechas. Niños recogiendo papeles y cartones y niños de la calle que no contribuyen a la recuperación educativa. Aquella recuperación que se logrará optando la senda oportuna y no el trillado camino de la negación de la realidad.

La alianza de la totalidad de los sectores por una mejor educación involucra a todos y los beneficios se reflejan en la sociedad en su conjunto.

En nuestro país no se percibe la necesidad de ocuparse de la educación más allá de la escuela y no se valoran otras manifestaciones culturales, como la buena literatura, la buena música o un buen programa de televisión.

Muchas escuelas, hace más de 30 años, tuvieron doble turno para mejorar la situación del educando y del docente quien concentró su crédito horario en un establecimiento escolar. No fue posible solventar los proyectos pensados para una mejor asistencia al alumno. Entusiasmó a mucha gente y fueron los autores un grupo de profesores que trabajó duro en la ex Dirección Nacional de Escuelas Secundarias que dejó de funcionar y producir cuando esos establecimientos pasaron a las provincias respondiendo a la transferencia de los servicios educativos. El proyecto que se concretó en escuelas de algunas provincias fue el denominado Proyecto 13, con óptimos resultados.

Vivimos un momento en que predomina la oda al facilismo, "una escuela más flexible” inserta en una organización institucional no clara. El respeto a la norma parece ya no existir, la normativa se adecua a gusto y paladar de funcionarios permisivos cuyo actuar se identifica con designaciones al margen de la ley. Por ejemplo, "quien es designado en cargos docentes puede o no responder a la norma fijada, acorde a requisitos preestablecidos”; todo depende del criterio de la entidad propietario; ¿perfeccionamiento docente?, ya no se dicta!, ¿no sería oportuno recurrir a quienes lo tienen y luego ir dándole lugar, gradualmente, a quienes egresen de los centros de capacitación ya proyectados? ¿Puede conducir un supuesto miembro de un equipo de conducción sin idoneidad, sin competencias, sin los requisitos mínimos de actuación docente, sin título docente ni afín a la orientación del colegio donde se lo designó? Falta que los sectores responsables actúen a tiempo. Falta decisiones políticas que garanticen el porvenir de los chicos.

Y…, conforme a lo expresado en DIARIO DE CUYO, destaco la cita que acertadamente dice: "Desde las instituciones educativas, en vez de enseñar a avasallar, amedrentar o extorsionar, hay que inculcar que cada ciudadano respete el valor de la ley y de los otros”.

Domingo Faustino Sarmiento descubrió que la educación era una instancia superadora, la gran herramienta para conducir a la sociedad hacia el cambio que tanto soñamos.