El plan de mejoras de las plazas, mediante la colocación de juegos infantiles como en Santa Lucía es una iniciativa brillante al sumar a la estética de los espacios verdes, elementos para el esparcimiento de las familias y en especial de los chicos. En otras comunas también planean estas mejoras, pero de nada servirán los esfuerzos sin un sistema de vigilancia que garantice el cuidado de la infraestructura, atacada por inadaptados que frecuentan las plazas en horas de la noche o, simplemente, por niños o adolescentes que actúan sin el control de sus padres. No es justo que por culpa de lo que se consideran "travesuras infantiles” haya paredes rayadas, monumentos rotos u otros desmanes.

Es lamentable ver como en estos últimos años este comportamiento dañino se ha incrementado por lo que no queda una sola plaza en el Gran San Juan y departamentos alejados donde no se hayan detectado destrozos, empezando por los bancos, farolas, mástiles y hasta en los pisos de mosaicos, que son extraídos para utilizarlos como proyectiles. Esto lleva a considerar que cada vez hay más gente que no toma conciencia de lo que significa vivir en comunidad.

Quienes tienen la posibilidad de viajar países con otra cultura, al regresar a la Argentina lo primero que comentan es sobre el comportamiento de la gente, la limpieza en la vía pública y la preservación del patrimonio público. Pero es evidente que esos ejemplos no prosperan en nuestro ámbito donde todos rompen todo, por el solo placer de hacerlo.

¿Cómo cambiar este comportamiento? Ese es el gran desafío al que se enfrenta ahora toda la sociedad y que tendrá que ser una de las propuestas más firme de todos los que aspiran a convertirse en futuros gobernantes.