El político argentino se ha convertido en el último siglo en un experto analista de soluciones en cuestiones sobre pobreza, economía, trabajo, producción, entre otras, para ejecutarlas una vez que haya logrado asumir el poder. Sin embargo sus mismas acciones corporativas y que responden a intereses personales, develan su extraordinario poder persuasivo dentro de un paradigma perverso expresado en más ideología y menos educación, que oculta sagazmente y pretende sumergir al pueblo en la ignorancia.
Solo basta con observar sus propuestas y/o programas de acción publicitados en los medios. Tal fenómeno se puede advertir y toma evidencia en políticos, gremialistas, gobernantes y funcionarios. La temática o bien las expresiones que o ponen al descubierto este paradigma ya instalado y del que es oportuno tomar referencia, se expresa en términos de equidad e igualdad, menos pobreza, reducción de costos, no discriminación, inclusión e integración, producir más y lograr inversiones, mejor calidad de vida y mayor seguridad, una educación para todos, etc. Justamente el gran engaño viene con esta última expresión.
Para comprender la magnitud del daño es oportuno observar que lo que nunca se logra institucionalizar al momento de fortalecer verdaderamente a la familia, a saber: no se ve alternancia en el ejercicio democrático, hay una permanencia indeterminada en la práctica de la función pública, siempre los mismos y en los mismos lugares o puestos; se presenta como solución a todos los males el mayor financiamiento para escuelas, seguridad, salud, vivienda; la promesa y explotación en gran escala de las riquezas que provienen del suelo; el aumento y la instalación de la energía renovable y el auxilio al ecosistema, economías sustentables.
Contrarrestar este modelo de paradigma altamente engañoso y de gravedad institucional implica sustituirlo por el de verdadera educación donde el servicio, la honestidad, la ayuda a las familias y a los problemas sociales y económicos lleven al progreso y donde todo régimen educativo establezca un programa que enseñe como constituir y fortalecer la familia, a orientar en la paternidad responsable. Además, la instauración del matrimonio como valor ciudadano y el respeto por la vida ajena.
El Estado, la Iglesia, los funcionarios, políticos y los mismos ciudadanos deben sostener que la única verdad está en la educación erradicando las miserias humanas, el facilismo y el oportunismo.
