No fue un comienzo de año fácil en la vida de los Dillon. Lo que se esperaba sería una sencilla operación de vesícula para Victoria, terminó complicándose y complicando la vida de toda la familia. Fue un momento durísimo que sirvió para gatillar una decisión muy trascendente en la carrera como entrenador de Ricardo Dillon: volver a San Juan.
¿Qué priorizaste para este regreso a San Juan y a Desamparados cuando tenías chances de dirigir hasta en la B Nacional?
Mi familia está por encima de todo. Eso no se negocia de ninguna forma. El problema de salud de mi esposa fue muy complejo para todos los de la familia. Además, los chicos están en un momento especial de sus vidas porque crecieron y quería acompañarlos. Lo analicé, lo hablé con Cristian Bove que coincidió conmigo y decidimos la vuelta.
¿Cómo ves a este Ricardo Dillon cuando te ponés frente a un espejo?
Creo que el mismo de siempre, ese que tiene ganas de hacer cosas. Pero además encontré esa madurez como hombre que te hace balancear las cosas trascendentes para tomar la mejor decisión. Mi gran anhelo profesional es llegar a dirigir Primera División y B Nacional pero antes que nada están los afectos, la vida misma y por eso, creo que tomé la mejor decisión volviendo a Desamparados.
¿Y cómo encontraste a este Desamparados?
Ordenado. Esa es la definición. Con una gimnasia dirigencial que ha servido para ir mostrando crecimiento. Las mejoras, la cancha de la Escuelita es un ejemplo. Eso es lo que uno quiere, o tal vez el mismo gimnasio que ya está armado y que tanto pedimos en algún momento. Ahora, sería lindo apuntarle a terminar los nuevos camarines.
¿El bichito del dirigente no te picó todavía?
Siempre estoy buscando cosas para hacer. Objetivos a corto y largo plazo por lo que el rol de dirigente lo veo para un futuro. Yo llevé a mi abuelo por primera vez a una cancha y hoy hasta una tribuna de Atlético Argentino de Mendoza lleva su nombre.
Volviendo al Dillon papá y esposo, ¿qué detalles son los que te permiten ver que debías estar acá?
Victoria ya está bien gracias a Dios y en pleno trabajo. Los chicos tienen su vida y cada uno intenta lo mejor. El más grande ingresó a Ciencias Económicas en la Universidad y ataja en futsal, el segundo está en Cuarta de Desamparados y el más chico es arquero de la categoría 2001 en Sportivo. Disfrutar esas cosas son las que me convencen una vez más que acerté en la idea de volver a San Juan.
El principio de este 2015 fue complejo para los Dillon, ¿cómo te imaginás el fin del año?
Quisiera terminar con una gran satisfacción más allá de los logros deportivos. Sabiendo que se hizo todo, que se entregó todo con absoluta profesionalidad pero además satisfecho enteramente como persona, como papá, como esposo. Sabiendo que no mezquiné nada y que siempre puse el máximo para lograr mis objetivos.
