Apenas se bajó de la combi que lo llevó del Aeroclub a Casa de Gobierno, a la que no había podido volver desde el accidente del 11 de octubre, empezó a pedir que no lo hicieran llorar. Sabía que iba a ser difícil y finalmente, no lo pudo evitar. Pronunció un emotivo mensaje ante una multitud y se quebró una y otra vez, aunque sin dejar de mostrar su fortaleza y su deseo de continuar conduciendo la provincia con el mismo ritmo de antes. “Voy a seguir peleando, porque tengo las fuerzas y tengo las ganas”, aseguró en medio de una fuerte ovación. A su familia, que no se le despegó ni un segundo durante el todo el tiempo de recuperación, le dio un eterno agradecimiento al señalar que fue la que “me dio el soplo vital para no dejar esta tierra”.
Tuvieron que pasar 120 días para que Gioja pudiera volver a sentarse en el sillón que tiene reservado el Gobernador en la Sala Ricardo Colombo de la vieja casona de Paula y Libertador. Y desde allí, dio su primer discurso desde el siniestro de Valle Fértil y emocionó a todos. Fueron apenas unos minutos, pero suficientes para profundos agradecimientos, hablar de la internación y dar muestras de que está entero de espíritu para retomar su tarea al frente del Ejecutivo.
“Voy a seguir peleando porque tengo las fuerzas y las ganas, y la cabeza funcionando a mil por hora. En unas semanas también voy a tener el físico para seguir caminando como antes o tal vez mejor”, dijo para que estallara la euforia. Segundos después, recordó que en las interminables jornadas de internación aprovechó para repasar “las cosas que no pudo hacer”, como haciendo una balance de lo que tiene por delante.
Gioja regresó ayer tras casi 80 días en Capital Federal. Se podría haber quedado hasta terminar la rehabilitación física, pero decidió regresar apenas pudo. Ayer contó de su ansiedad y explicó que “volví, porque ya no soy capaz de escuchar una voz que no sea la de mi corazón, y él está acá, con mi gente… volver a esta tierra es volver a mí mismo”.
Emocionado hasta el llanto, contó que “en todas estas semanas y algunas veces con los ojos llenos de lágrimas, me acordaba de esa preciosa canción del negro Villavicencio, que no cantaré porque no sé y ustedes se van a desmayar”, dijo para desatar risas. “Mi querido San Juan, el ventanal de Cuyo, mi vida está añorando estar cerquita tuyo, con mis seres queridos, allí quisiera estar, después que dios decida, San Juan, San Juan, San Juan”, dijo como pudo y con la voz entrecortada.
Junto a Gioja estuvieron su esposa, Rosa Palacio, sus hijos Gastón, Flavia y Camilo y el vicegobernador Sergio Uñac. Todos hicieron fuerza para no lagrimear. Claro, les había pedido a todos que “si me pongo a llorar, ríanse para que yo también me ría”.
Gioja les prometió a los periodistas que dentro de poco “no vamos a juntar para hablar de todo, como lo hemos hecho siempre”. Y cerró con una catarata de agradecimientos. La más sentida fue cuando tomó de la mano a su esposa, para decirle a ella, a sus hijos y a sus hermanos que fueron fundamentales para seguir con vida.
Uñac es el escudero que tiene la responsabilidad de reemplazar temporalmente a Gioja en el cargo y su compañía en la mesa fue una señal de aprobación a la tarea realizada. “Se rompieron el lomo sin pedir nada a cambio, hicieron posible que San Juan siga su rumbo sin retroceso”, dijo nombrando al vice, a los intendentes y a los ministros.
Antes de partir hacia su casa, Gioja habló con varios medios y recordó a Margarita Ferrá, la única fallecida en el accidente. Hoy, visitará a su familia.
