La ballena azul, una de las especies en mayor peligro de extinción, supone todo un misterio para la ciencia que apenas comienza a desvelarse de la mano de un equipo de científicos chilenos que está descifrando por dónde migra y se reproduce el animal más grande del planeta.
El rorcual azul (Balaenoptera musculus), que llega a superar los 30 metros de longitud y las 120 toneladas de peso, ha sido avistado en el océano Índico, el Antártico, el Pacífico Noreste y Suroeste (Chile y Perú) y, más excepcionalmente, en el Atlántico Norte. Conocer dónde se alimenta, viaja y se reproduce es clave para paliar las amenazas que mantienen en la lista roja de las especies al borde de la extinción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a este espectacular cetáceo que, al respirar, emite "géiseres” de agua de hasta 12 metros de altura.
Los expertos señalan que el viaje migratorio de la ballena azul en el Pacífico Sudeste es desconocido, en Estados Unidos están muy estudiados sus movimientos entre California y Alaska y en la zona Antártica australiana también, pero en Chile apenas se posee información.
Para obtenerla, los científicos marcan ballenas azules en el mar de Chiloé desde 2004 con transmisores satélite que permiten ubicar con una precisión, de entre 50 y 100 metros, la localización del animal, la profundidad a la que nada y la temperatura del agua. Para instalar el transmisor, que cuesta 4000 dólares, los científicos se acercan en zodiac a la ballena y disparan el aparato con forma de jeringa con un lanzador de aire comprimido.
Se ha determinado que las ballenas "chilenas” ascienden hasta las islas Galápagos cuando el invierno arrecia en el hemisferio sur y se acercan hasta una zona marina conocida como el Domo de Costa Rica donde los investigadores sospechan que podría ubicarse una zona de reproducción, tanto para ellas como para las del Pacífico Norte. La alternancia de los inviernos en los hemisferios podría dar lugar a que las ballenas no coincidieran en el Domo, ya que mientras las norteamericanas pasarían su verano en Alaska, las chilenas se acercarían a aguas costarricenses evadiendo su invierno.
Otro de los hallazgos es que a la ballena azul chilena le encanta alimentarse en el mar de Chiloé, tremendamente rico en krill (una especie de camarón, que llega a engullir en cantidades de 40 toneladas al día), y en las montañas submarinas, como la cordillera submarina de Nazca, con picos de más de 4000 metros.
Los científicos también creen, basándose en estudios genéticos y en análisis comparativos de los sonidos, que la ballena azul del Pacífico Sudeste podría constituir una subespecie diferente de las cuatro actualmente descritas.
El hecho de que apenas queden 222 ejemplares de esta población hace necesario "un manejo ecosistémico más inteligente” por parte del Gobierno chileno, y especialmente un "plan de gestión de la acuicultura y del tráfico marino intensivo” que se desarrollan en este mar tremendamente productivo y rico en biodiversidad. Esas características convertirían este ecosistema en un refugio para la ballena azul antártica, en dramático declive debido a que el deshielo asociado al cambio climático está acabando con las poblaciones de krill.
