La década de los 90 fue implacable en la aplicación de políticas de corte neoliberal. Si bien años después se intentó desmadejar dichas acciones, el impacto producido ha provocado grietas muy hondas en los diferentes Estados.

La globalización y los avances tecnológicos de los últimos tiempos impiden que una nación se encuentre alejada de otra. Este dato no es menor y en alguna medida explica el notorio empuje en la aplicación de medidas que requerían los centros de poder.

Los espacios geopolíticos ya no se dirimen en territorios de las principales potencias, como ocurrió con las guerras entre naciones (Primera y Segunda Guerra Mundial) o por ideologías (Guerra Fría). Ahora la lucha por espacios de poder tiene como punto nodal escenarios económico-financieros. Esto no significa que antes no existiera, sino que ahora este elemento aparece como el punto nodal.

La aguja de la brújula siguió sostenida por el rol hegemónico de Estados Unidos y si bien otros países o regiones generaron transformaciones en sus Estados, éstos no bastaron para imponer algún predominio específico.

Que Inglaterra, Australia, Nueva Zelandia hayan aplicado políticas de reformas hostiles en sus territorios afirma con más énfasis los movimientos de las políticas instrumentadas. A su vez, que esto repercuta en los países de América Latina profundiza la vinculación, ya no latente sino profundamente manifiesta.

Argentina en los 90 implementó políticas del estilo mencionado. En un marco democrático liberal, con el consenso electoral de la ciudadanía, con un sistema político equilibrado y con una economía que iba estabilizándose.

El Estado benefactor, clásico de décadas anteriores, con el aporte del modelo de sustitución de importaciones paulatinamente va dejando espacio a nuevas ideas. La hiperinflación, el extremado endeudamiento externo, el alto gasto público, la crisis fiscal y algunas políticas que antes aparecían como bondadosas, son el argumento que esgrimen distintos países y organizaciones internacionales como necesidad de un cambio.

Las estructuras socio políticas parecen alejadas de este modelo, los partidos políticos se desdibujan, los sindicatos se atomizan, la agremiaciones económicas se quiebran, el componente social se transforma. En este cuadro de situación la composición del sector público sufre embates: nuevos sistemas profesionales, tecnologías modernas acompañadas por medidas que extrañan esas acciones, retiros voluntarios, prescindibilidad, pases a disponibilidad.

La Administración Pública pareciera encontrarse en callejones circulares que pretenden ser salidas posibles pero que vuelven a los puntos de partida. El retorno de las reformas y modernizaciones del Estado muestran con claridad las dificultades para viabilizar acciones que se sostengan en el tiempo y acompañen los cambios que exige la propia dinámica sociopolítica.