En relación a la sexualidad y su enseñanza ni el hogar, el medio humano, la escuela, el culto, la medicina se otorgan culpas ni conceden prerrogativas no convenidas ni explicitadas en tiempo, lugar y forma. Se interpreta la violencia sexual cotidiana, privada o pública, como inconexa de la realidad desinstruida en los fundamentos vivenciales básicos, que el medio ambiente pacato, incapaz de analizar lo bárbaro e imprudente puertas afuera sin entender su raíz, condena sin comprenderla por ser parte del mismo sistema y expuesto por ende a los mismos riesgos y desatinos. No hay lugar al presente para un futuro de esperanza demostrativa y mejor. Una despersonalización inducida por un gobierno interior abrupto, insondable, genera conductas patológicas crónicas e inconscientes que requieren diagnóstico adecuado y terapia correctiva, en una sociedad reticente y esquiva al saber conceptuoso y esencial.
El hombre, un ente biológico más, alienado y deseducado con estos mismos principios, atento en un todo al sistema educativo mojigato y caduco que pretende enseñar la anatomía humana en un colegio normal con el dibujo de un hombre en calzoncillos. ¿Qué significa normal? Las vergüenzas, como dijera Quevedo, sí existen pero no se muestran. Pobres Miguel Ángel, Rubens, Goya, Berni, Botero, Guayasamín. ¡Desnudos artistas celestiales! ¡Genios verecundos, vastísimos y señoriales! Sustancia pura de la creación, de la historia, del tiempo, de la especie, de la humanidad.
La mejor y más prolífica biblioteca sobre sexología del mundo está en el Vaticano, y es posible su consulta sin mayores requisitos. Han abrevado allí los más conspicuos pensadores, escritores, predicadores, religiosos y maestros del conocimiento fino elaborado entre anaqueles, códices y arte graficado con interpretación y grave sabiduría. Sus salas, pasillos y galerías interiores son parte del tesoro artístico de los museos vaticanos a la vista de millones de visitantes anuales. El desnudo en sus obras expuestas no suscita escándalo, sino placer espiritual a tono con el lugar y su imponderable valor didáctico, su conmovedora y susurrante impresión celestial, siempre bellísima y pudorosa.
Cómo vale interpretar el reciente caso, difundido al mundo, de cubrir en forma burda esas obras de arte, para no irritar o molestar la susceptibilidad de la teocrática autoridad persa primero y copta luego en sus recientes y aisladas visita al Papa. El dueño de casa oculta la belleza pura de siglos que atesora y enorgullece. El árbol de la ciencia del bien y del mal rebrota y aviva aquel milenario pecado original. Asombra saber que posibilitar este paseo romano de la mayor autoridad civil y religiosa de otro credo, ha llevado años de acuerdos diplomáticos, minuciosos pasos y delicado gestualismo. Si la Biblia misma y el Corán rezuman sexualismo, en forma feroz y cruel hasta idílica y tierna. Abundan suras islámicos polígamos, prohibicionistas, sexistas, y desde el bucólico Génesis hasta el intimismo lírico del Cantar de los Cantares bíblicos el texto se nutre de sexismo, reacción, castigo, amor y redención. Doctrina inspirada, voz en el desierto de un Dios único, que caminó sobre la tierra y la señaló, la tradujo, apostrofó equívocos humanos y ensalzó un cuerpo cristiano reencarnado, y su esencia moral, estética, sana y perfectible para la eternidad en una sobrenatural concesión redentorista. Es inimaginable un simposium de papas y popes rusos, ortodoxos, coptos, luteranos, debatiendo sobre la transubstanciación, la confesión y el pecado, la mujer y el hoy, la pederastia, el celibato, anticoncepción y aborto, la icononografía, la sexualidad contemporánea y bienes terrenales, la fe, la liturgia doctrinal. Ha de haber predominado, por deducción sectaria, el discurso simbolista, anodino en la praxis y duro en el curso temporal.
¡Qué puede avergonzar, herir, untar la inteligencia y el arte en el mayor templo de la belleza inmortal de generaciones, pintada, esculpida, cincelada para ejemplo, guía y deslumbre de la visión de quienes, mortales y pecadores, gozan y sufren el misticismo elegante de la creación divina! Sucede que, a sabiendas, las personas, en todo lugar y formas, exponen su sexualidad de manera inevitable pues por negación y de conciencia son seres concebidos por factores inherentes a su condición. Los estratos diversos del clero no escapan al criterio de razón y sumisión.
Nuestra formación cultural es adaptadiza, no es abierta ni contemporizadora. Excluye sin pensar y piensa sin entender. Lo simple no requiere explicación, prejuzga, y las cosas se sienten después de advertidas. Presos quedan en el cuerpo el sentimiento, el amor y el sexo en el medio, una cosa más.
La miopía mental dice que no se necesita explicar aquello que se da por naturaleza, como a insectos, perros, peces, que
se reproducen y viven sin abonar sabiduría superior alguna.
Es un puente histórico satisfactorio que estas reflexiones se puedan escribir cuando anida sólo la virtud subyugante de pertenecer a una cueva humana decorada; intento caliente y cognitivo de ser étnicamente animal superior escéptico, confusión, perplejidad, vida.
