Anoche, cerca de las 22, un ‘temblor’ sacudió a San Juan. El epicentro fue en el velódromo “Héroes de Malvinas”. Ocurrió cuando un millar de personas explotaron aplaudiendo de pie al ciclista que durante la temporada de pista ganó todas las carreras que corrió y que ayer con una actuación notable mantuvo su invicto la pista rawsina. Nicolás Naranjo se coronó campeón argentino de vueltas puntables. Y lo hizo venciendo a los mejores rivales del país. Podrá contarle a sus nietos que le ganó a un grande del ciclismo nacional, como Walter Pérez. El campeón olímpico fue quien se quedó con la medalla de plata. En tanto que Mauro Richeze, también integrante de la selección argentina completó el tercer escalón del podio.
La sabatina fue una jornada de gloria del ciclismo sanjuanino, porque aparte del oro conseguido por Nico, también se consagraron campeones nacionales el trío de la Velocidad olímpica y Florencia Guzmán en el Scratch (ver ambos, aparte). A esas tres preseas doradas hay que agregar, también, las dos de plata conseguidas por el equipo de la Persecución y Carla Alvarez (Scratch).
Lo de Naranjo fue descomunal, apoyado por sus compañeros (Juan Gáspari, Laureano Rosas, Emiliano Contreras y Rubén Ramos), Nicolás ganó seis, de los 15 embalajes y fue tercero en otros dos. La lucha con Pérez fue titánica. Se sabía que el bonaerense podía intentar algún ataque para sacar vuelta y se lo marcó con gran atención. Controlada esa opción todo quedaba sujeto a los embalajes y allí, Naranjo impuso esa sexta marcha que le permite sostener un ataque o sobrepasar a sus adversarios sobre la raya misma.
Muy emocionado, con la voz entrecortada, Nicolás se acordó de los “dos Chinos”: “mi abuelo y Saldaño, ambos fallecieron este año y mientras corría sentía que me ayudaban en cada pedaleada”.
Hasta el gobernador José Luis Gioja, que asistió ayer a las dos últimas carreras no pudo quedarse sentado en su silla. Es que cada arranque del pedalista de La Bebida levantaba al público.
Es la prueba que quería ganar y la ganó a su estilo. Corriendo siempre arriba. Imponiendo condiciones. Estaba en su pista y no podía dejar que le mojaran la oreja delante de toda su gente. Salió con todo desde la bajada de bandera y mantuvo su ritmo y concentración durante los 90 giros. Sabía que esta era su oportunidad y no la dejó escapar. Corrió como corre un campeón. No se guardó nada y por eso se llevó todos los aplausos de su gente y el respeto de sus rivales.
