Como en muchos lugares del mundo, Argentina ha sido presa del narcotráfico y de los grandes negociados. Es hora de que los ciudadanos nos pongamos al hombro a nuestra nación, como una madre quiere, protege y alimenta a sus hijos, porque es necesario proteger a niños, jóvenes y adolescentes y alimentar con valores sociales y de convivencia una justificada sed de justicia para todos.

Los manejos de la droga como también los negocios espurios han impactado en el tejido social y por una y otra vez, los organismos nacionales y provinciales -en particular programas montados contra la droga y sus implicancias- han advertido al respecto. Sin embargo pocas fueron las acciones que desbarataron con acierto y en profundidad las cadenas de narcotráficos y negociados ilegítimos.

Pero también la globalización ha permitido que se desarrolle una nueva forma de poder, la farmacocracia, capaz de decidir qué enfermedades y qué enfermos merecen cura. Es así como el 90% del presupuesto destinado por la industria farmacéutica para la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos, está destinado a enfermedades que padece sólo el 10% de la población mundial.

Por su parte el procesado Lázaro Báez y su familia son dueños de 212 propiedades, más de 400.000 hectáreas en total, que por sí solas indican que durante la década kirchnerista hubo un método de saqueo sistemático al Estado, una operatoria oscura que empieza a develarse en toda su magnitud, en cuanto a los manejos que comprometen al gobierno anterior en su alianza con Báez en la contratación de obras públicas, y en muchísimos casos esas obras ni siquiera se hicieron, porque se contrataban únicamente para cobrar los adelantos y obtener ‘retornos”.

Como sostiene el politólogo Marcelo Fabián Sain, se trata de ir adecuando el andamiaje institucional a los nuevos desafíos que se imponen en un tema tan sensible. Ello reclama abandonar la tradicional indiferencia política ante el tema y apropiarse de una problemática que ha sido históricamente gestionada por las instituciones policiales sin los resultados auspiciosos que todos esperamos.

Esto marca una depresión de tal profundidad y de insondable acceso aún no librada al conocimiento, sin embargo de un pueblo trabajador y honesto lo menos que no puede permitirse es que la Argentina siga ensombrecida por estos inescrupulosos que la empujaron aún más al abismo.