Señor director: 
"De chiquilín te miraba de afuera…”, es así que comienza una canción de nuestro acervo cultural del género tango. 

Con esta reflexión iniciaré una inquietud referida – con un dejo de preocupación lo digo -, a esa obra tan maravillosa que podemos admirar los coterráneos de esta patria chica, "El Teatro del Bicentenario”. 

Durante décadas o quizás generaciones, los sanjuaninos, y por que no los foráneos, veíamos con tristeza y una aletargada resignación hectáreas obsoletas y deprimentes en el centro de la ciudad. Esto fue así hasta que un día, desde ese monumento al cemento y terreno posterior, se transformó en un gigantesco y útil atractivo para la sociedad. Está enclavando como broche de oro un bellísimo espacio cultural. 

Y es aquí donde enfatizo el título de ésta nota, porque como hija bien nacida de este rinconcito argentino, deseo que ese bello lugar sea visitado y disfrutado por todos los habitantes de San Juan, pero no sólo desde los jardines y no sólo por actividades de índole extranjera. 

Pienso que social y culturalmente los argentinos estamos aptos para ingresar, disfrutar y protagonizar actividades aptas para este nuevo tesoro sanjuanino, porque no quisiera que coplas de nuestro cancionero sean interpretadas por gente culta que, en las capitales, viven de espaldas al país, copiándoles hasta el tranco y el modo de vestir, a los países lejanos que nos vienen a vivir, es decir que "pilchas gauchas” se vieran reflejadas en este "nuestro teatro”.