Sectores vinculados con la industria metalúrgica, una de las más representativas de la economía nacional, consideran que a pesar de la devaluación y el dólar a $14 el sector sigue teniendo problemas de competitividad con otros países, por ejemplo con Brasil, cuyos productos están un 20% más baratos. Los empresarios que vaticinan un año complicado, sostienen que la agenda para tratar el asunto de la competitividad debe abarcar temas tales como la mejora de la infraestructura, la logística, política impositiva y financiamiento.
Actualmente, la gran mayoría de las metalúrgicas están produciendo a media máquina; un poco más de actividad tienen las que proveen a terminales automotrices, fábricas de maquinarias agrícolas y reposición de agropartes que, a su vez, están trabajando a la mitad de su capacidad instalada. Un poco mejor están las metalúrgicas vinculadas a la construcción, al petróleo y el gas.

Respecto del impacto que la situación tiene entre los trabajadores del sector, los empresarios agrupados en la Cámara de Industriales Metalúrgicos sostienen que una economía poco competitiva lleva a pagar sueldos muy bajos en dólares y que si la situación mejora no habría que ajustar por los salarios. De todas formas, pagar sueldos más bajos no alcanza para contrarrestar la situación, porque es el contexto del país el que está haciendo perder competitividad. Son los mismos factores que han provocado que la actividad registrada en el sector durante el 2015 sea menor que la del año anterior, en un promedio del 40 por ciento, algo que va a costar revertir o que va a llevar un tiempo considerable lograrlo.

Tampoco sirve aumentar el precio del dólar, ya que por ejemplo de haber ajustado el tipo de cambio real con Brasil -uno de los países más competitivo de la región- en el período comprendido entre enero de 2002 a julio de 2011 equivaldría al que se tendría hoy con un dólar a 23 pesos, algo que está fuera de toda consideración, por el momento.

Para que la reactivación se produzca en la medida de lo esperado es necesario que, en un tiempo perentorio, surjan las políticas y el diálogo que el sector viene demandando desde hace mucho tiempo. La esperanza está en considerar que la nueva administración nacional haga mejor las cosas, lo que está incidiendo para que el índice de confianza empresaria esté cerca de su máximo histórico.