Al estallar la llamada "Gran Guerra” -luego Primera Guerra Mundial- en 1914, ejercía la presidencia del país el salteño Victorino de la Plaza. Su mandato había comenzado en octubre 1913 por la enfermedad y el fallecimiento de Roque Sáenz Peña. El estallido de la guerra fue un hecho que impactó en la opinión pública y que además conmovió a la sociedad argentina, por varios motivos, pero especialmente por los vínculos parentales y culturales que teníamos con Europa.
Victorino de la Plaza, ante este conflicto que, como ocurrió, se agigantó, remitió un decreto, a través del cual la República Argentina mantendría una posición neutral. Tal postura, dicen los historiadores, se fundamentaba en la necesidad de continuar las relaciones comerciales con los principales países europeos involucrados en el conflicto. La posición se mantuvo firme, no obstante de haber ocurrido varios sucesos que se produjeron en la primera etapa de la guerra, como fue el fusilamiento perpetrado por los militares alemanes del vicecónsul argentino en la ciudad belga de Dinant o el asalto de varias embarcaciones nuestras, ejecutado por las flotas inglesas y francesas. Victorino de la Plaza concluyó su mandato, y le continuó Hipólito Yrigoyen, presidente electo por la voluntad popular, corolario de la aplicación de la flamante ley electoral "Sáenz Peña”.
El presidente radical reiteró la neutralidad, pero con un fundamento un tanto diferente a la de su antecesor. Es así que no quiso anunciarla o pronunciarse, ya que, con mucha sabiduría decía que "para él la neutralidad era el estado normal de la naciones, y no había necesidad de proclamarla…”. Por otra parte expresan los historiadores que esta postura "acentúo el carácter argentino y americano del país”.
No obstante Yrigoyen tuvo que soportar fuertes embestidas o conflictos externos e internos. Entre los primeros recalcamos el hundimiento -hecho por los alemanes- del vapor argentino "Monte Protegido”; más tarde el embajador de este mismo país en Buenos Aires, envió una traicionera nota a su gobierno, exhortando a hundir buques con nuestra bandera, dando a conocer con precisión su itinerario, por lo cual este personaje fue expulsado del país. Internamente la guerra dividió la opinión pública y la de los intelectuales, llegando a opiniones encontradas entre los llamados "aliadófilos” y "germanófilos”.
A esto se sumó la oposición de los partidos contrarios al radicalismo, como el conservador o incluso el socialista, quienes reclamaban el rompimiento de relaciones o directamente la declaración de guerra a Alemania. Terminada la contienda, Yrigoyen en la recién creada "Sociedad de las Naciones”, propuso como idea eje que se debía renunciar a segregar entre vencedores, neutrales y vencidos. Pero su razonamiento no fue admitido, por lo cual ordenó a la delegación argentina que se retirara. Su postura se entiende dentro del marco del "krausismo”, doctrina a la que adhirió "el peludo” y que fue elaborada por el filósofo alemán Karl Krause, pensamiento que postula, entre otras ideas, el llamado "solidarismo” tanto en lo político, sociológico, como en lo jurídico.
(*) Magister en Historia.
