Este Messi no es Messi. No es juego de palabras, es sencillamente la razón exacta para definir porqué el ingreso de Lionel en el segundo tiempo ante Colombia no fue el revulsivo que necesitaba Argentina para sacar algo más que un punto frente a los Cafeteros. Es que el empate tuvo sabor a poco porque el lujo de tener al mejor del mundo en el banco de suplentes, no terminó por inclinar la balanza y las razones pasaron por esa extensa y feroz inactividad que Messi debió sufrir por una lesión que se resintió y que le sacó ese toque final, ese ritmo futbolístico, con el que hace las grandes diferencias.
Messi, este Messi, llegó con el tiempo justo. No por el viaje desde España al país sino porque recién en el comienzo de esta semana, recibió el alta médica oficial desde el Barcelona y, una última ratificación, en la previa del propio partido contra Colombia. Muy jugado con los tiempos como para que Lio no ofreciera todo el concierto de velocidad, precisión y desequilibrio. Le costó sacar esa milésima de segundo de ventaja en el mano a mano pero demostró su enorme categoría en dos o tres jugadas en las que habilitó para el gol a sus compañeros.
Ahora, con Colombia ya empatado, el interrogante a descifrar es saber si este mismo Messi será arriesgado en Ecuador. Desde lo futbolístico y lo físico, en sólo 72 horas, es imposible que Messi sea el otro Messi. Para eso, hace falta tiempo, partidos. Hoy, en este momento de las Eliminatorias, Argentina no se lo puede dar pero con esta versión de Lio, está dando una ventaja que no muchos se pueden dar. Messi necesita ser Messi y eso, sólo es cuestión de tiempo. Ni antes, ni después. En el momento justo.
