El ser activo físicamente es uno de los mecanismos que más benefician la salud biopsicosocial, y si esto se fomenta desde la niñez se adquieren hábitos que son más difíciles de conseguir siendo adultos.

Los niños son activos si las condiciones ambientales se lo permiten, tanto para actividades no estructuradas como para la educación física y el deporte.

“El comenzar la actividad física desde los primeros años de vida, favorece el establecimiento de los patrones y hábitos activos que se perpetúan a lo largo del ciclo vital. Durante la infancia y la adolescencia, la mayoría de la población tendría la oportunidad de mantener un nivel de movimientos más que suficientes a través del juego y de diferentes actividades deportivas. Sin embargo estas oportunidades se reducen a medida que nos hacemos adultos”, explica Silvina Rodríguez, licenciada en Nutrición, especializada en niños y propietaria de NutriGym.

En este centro integral se desarrollan tareas de gimnasio pero también otras relacionadas con la expresión corporal y el arte, a través de clases de circo que incluyen malabares, saltos, equilibrio, zancos, entre otros. con el objetivo de que el niño disfrute a nivel personal y grupal.

De esta manera lo que se intenta es incorporar la actividad física a su vida como un hábito que perdurará para siempre.