Entre los problemas sociales de esta época, el abandono o la falta de una debida atención a los niños es uno de los más preocupantes, por las implicancias que tendrá en el futuro de nuestra sociedad tan vapuleada, en estos últimos tiempos, por la falta de valores en distintos órdenes.
Mejorar esta situación mediante una más efectiva acción de los organismos de control pertinentes, a fin de evitar los casos que a diario son denunciados, es la esperanza que queda de revertir una situación que ha ido creciendo a la par de otros dramas como el de las madres solteras, padres precoces, hogares destruidos o, simplemente, el de los padres que se despreocupan de sus vástagos.
En nuestra provincia, un dato revelado hace unos días demuestra la gravedad del panorama. A través de la línea 102, que atiende denuncias vinculadas a los niños, el año pasado se recibieron casi 1.300 llamadas que hacían referencias a casos de negligencia contra infantes. De ese total 400 estuvieron exclusivamente referidas a casos de niños que son dejados solos en sus casas, sin ningún tipo de vigilancia o ayuda, mientras sus padres salen a desarrollar diversas actividades. El riesgo de estos casos quedó reflejado recientemente con la muerte, durante un incendio, de un niño de 3 años que había quedado sólo en una humilde vivienda, con su hermanita de 2 años.
De esta misma forma, en el resto del país, a diario se registran numerosos casos de abandono de niños, habiéndose dado cuenta de chicos que fueron dejados en el interior de automóviles, confiterías, baños de estaciones de trenes, y lógicamente en casas.
La negligencia contra los niños figura dentro de la definición que hace la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre lo que se considera maltrato infantil. Dice este organismo internacional que es "’toda forma de violencia , perjuicio o abuso físico y mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, mientras que el niño se encuentre bajo la custodia de sus padres, de un tutor o de cualquier persona que lo tenga a su cargo”.
En función de este concepto, toda la comunidad debe estar atenta a detectar estos casos y actuar en consecuencia en la forma más efectiva, es decir denunciando el hecho para que los organismos específicos actúen a la mayor brevedad. Hay que dejar de lado la indiferencia y convertirse en custodia del bienestar de los niños, repudiando todo lo que esté en contra de ese objetivo. No debemos olvidar que los niños constituyen lo más preciado que tenemos los humanos y que debemos protegerlos con todos los medios disponibles.
