Mucha expectativa había detrás de la visita del metalúrgico Antonio Caló a la provincia, porque se sabía que dispondría de un puñado de minutos en los que su gremio, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), iba a ser parte del acto que tuvo epicentro en la fábrica textil pocitana. Pero cuando a las 19,32 la Presidenta le entregó las llaves a tres adjudicatarios de las viviendas del “Barrio 7 de septiembre-Lorenzo Miguel” (en total son 112 viviendas), Cristina Fernández de Kirchner no lo nombró a Caló, que estaba a apenas a 5 metros, a su izquierda y en primera fila, un lugar de privilegio que compartió con los ministros provinciales. Así, CFK focalizó en esos minutos su atención en Diego Esquivel, María Ochoa y Andrea Falcón, los flamantes propietarios del barrio rawsino, con quien cruzó algunas palabras y se prestó para las fotos de rigor.
En tanto que el gobernador Gioja, con quien se había reunido al mediodía en la casona de calle Paula Albarracín de Sarmiento y Libertador, en la batería de agradecimientos de su discurso agradeció la presencia de Caló y recién en ese instante Cristina inclinó su mirada hacia a su izquierda para saludar al metalúrgico que busca mandar “la otra CGT’’.
