En el Festival de Teatro Ruptura III, que se viene desarrollando en la ciudad, causó mucha sensación el espectáculo que ofreció Héctor Böhâmia anoche en el Teatro Municipal denominado Let’s face the music and dance, además del workshop que realizó para actores sobre dramaturgia en movimiento. La presencia de este artista polifacético (no sólo es intérprete, también coreógrafo, guionista y régie) se llevó el aplauso unánime de los espectadores. Por su dominio del cuerpo en danza y de venir nutriéndose por maestros como Iris Scaccheri, Twayla Tharp y Pina Bausch a lo largo de su carrera, adquirió vuelo propio trabajando en la estética del expresionismo alemán. Para celebrar los 27 años que tiene su producción, lleva a cabo su gira internacional por América Latina, Europa, Asia y África. Fuera del escenario y lejos de los títulos, Héctor se muestra simple y contundente para decir lo que piensa. Admirador del cine, la música, la ópera y las largas charlas, dialogó con DIARIO DE CUYO sobre su estilo vida nómada que lleva gracias a la danza. "La danza es mi vida y soy un artista del mundo y es la felicidad que cualquier trabajador de la cultura puede tener. Poder mostrar lo que hago y en lo que creo", dijo el coreógrafo que viene haciendo escala en las capitales del país con su propuesta y el 8 de octubre próximo se presentará en el Teatro Colón.
Böhâmia (de 46 años) es nacido en Buenos Aires, lleva la descendencia siria por parte de su padre y la alemana de parte de su madre. A los 16 años se radicó plenamente en Europa y actualmente reside en Frankfurt. Acostumbrado a preparar su agenda con mucha anticipación, se contacta con los organizadores del festival a través de algunas informaciones que llegaban de Buenos Aires sobre el mismo en el INT. Se interesó y decidió participar en Ruptura III. "Lo que más me atrapó de San Juan, fue justamente lo que hacen estos chicos de El Avispero y le pusieron este nombre al encuentro. El movimiento teatral independiente que se da en Argentina es único en su tipo en el continente y es el movilizador de la cultura".
La idea de que el valor de la danza sea un producto televisivo, no le gusta demasiado, pero no quiere caer en prejuicios sin criticar con severidad. "Es un tema extenso para debatir, pero yo no hago las cosas a cualquier precio. Aunque no tenga fama en los medios, sí tengo respeto. No necesito a la televisión si sé quién soy y a dónde quiero llegar". Y directamente apuntó por el fenómeno de Bailando por un sueño. "Me llama la atención que tremendos artistas como Eleonora Cassano, Maximiliano Guerra y Nacha Guevara se entregan por plata. Los productores buscan estrellas. Les interesa tenerlos para el programa. Y está bien, pero creo que nunca lograrán eso con Julio Bocca. Lo buscaron miles de veces y no aceptó. Fui también convocado dos veces para este año y lo rechacé, aún con una oferta muy tentadora de plata. Pero si aceptaba, sería traicionarme y traicionar mi trabajo. Tampoco lo necesito, soy maestro en la compañía de ópera de Frankfurt, entrenando a cientos de chicos y viajando por el mundo, con muchos proyectos encima. ¿Dejaría todas mis cosas y mi carrera para escucharlo a Polino sobre cómo bailo? ¡Dejáte de joder! Es un juego que nunca entenderé".
