El ministro de Planificación de la Nación, Julio De Vido, anunció que se avanza en el proyecto de construcción de una nueva central nuclear, la cual estaría ubicada en el noreste argentino.
El renovado impulso que se dará a la generación eléctrica atómica, tras un abandono de décadas, es positivo desde todo punto de vista. El agotamiento de los combustibles fósiles y las limitaciones naturales para nuevas obras hidroeléctricas, imponen el aprovechamiento de los yacimientos uranio que posee la Argentina y, fundamentalmente, la gran experiencia tecnológica disponible en el país.
El estudio para la construcción de una nueva central de 1.200 megavatios figura en un acuerdo de cooperación, firmado en Toronto, entre el organismo de energía atómica de Canadá (EACL), Nucleoeléctrica Argentina SA y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
Argentina cuenta con la ventaja de haber desarrollado todo el ciclo del combustible nuclear, desde la extracción del uranio hasta su utilización en las centrales. En ese sentido, el giro actual incluye la reactivación de la planta de producción de agua pesada de Arroyito (Neuquén), y la reanudación de las actividades de enriquecimiento de uranio en el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu (Río Negro), paralizado durante diez años.
Si bien De Vido expresó hace tres años la necesidad de impulsar la minería uranífera para constituir una reserva estratégica nacional, existen impedimentos controvertidos. Por ejemplo, el freno impuesto por la Justicia mendocina a la reapertura del Complejo Sierra Pintada, inactivo desde 1995.
