No hay dudas de que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien fue el centro de atención de toda Latinoamérica en los último 10 diez años, está perdiendo rápidamente su influencia regional. Las dádivas de Chávez a otros países y su retórica populista radical le funcionaron bien cuando el petróleo estaba en las nubes, y su mensaje revolucionario sonaba como ruptura con la corrupción y la politiquería del pasado. Pero hoy, con la caída del el precio del crudo, la inflación del 30% en Venezuela -la mayor de Latinoamérica-, y pronósticos de que será el único país cuya economía no crecerá en 2010, Chávez lucha para mantenerse políticamente a flote en su propio país.
Las recientes elecciones en varios países han resultado en gobiernos menos afines al populismo radical. Chile, Costa Rica, Panamá y Honduras eligieron a presidentes de centro-derecha, y la oposición ganó las elecciones legislativas en Argentina. Hasta en Uruguay y El Salvador, donde ganó la izquierda, los nuevos presidentes mantienen prudente distancia de Chávez.
Chávez tampoco asistió a la mega-cumbre de jefes de Estado de Latinoamérica y Europa, en Madrid, en la que Colombia, Perú y Centroamérica firmaron tratados de libre comercio con la UE. Chávez, que había asistido a las cinco cumbres bi-regionales anteriores, jamás se hubiera perdido semejante tribuna para robarse el espectáculo con sus denuncias al capitalismo. Y al visitar Argentina, para las celebraciones del Bicentenario, pasó inadvertido en los titulares de la prensa extranjera.
El presidente ecuatoriano Rafael Correa, discípulo de Chávez, recibirá el 8 de junio a la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton. La presidenta populista de Argentina, Cristina de Kirchner, se ha reunido varias veces con el nuevo presidente conservador de Chile, Sebastián Piñera. Antes fue condecorada por el presidente de Perú, Alan García, abierto adversario de Chávez. La presidenta difícilmente hubiera aceptado esa distinción, dos años atrás, para no provocar la ira de su amigo venezolano.
El canciller de Perú José Antonio García Belaúnde me dijo que "la tolerancia gana espacio; lo que está en boga es el pragmatismo", en tanto para el titular de la OEA, José Miguel Insulza, "hay un clima de bastante mayor tolerancia. Casi todos los países sobrevivieron relativamente bien a la crisis económica global, lo que les dio mayor confianza en sí mismos y hay una mayor voluntad de escuchar y respetar las diversidades".
