“¡Nunca más la guerra!” fue el grito realizado ayer por el papa Francisco durante su estancia en Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina, un país que veinte años después de su guerra civil continúa dividido por líneas étnicas y religiosas, a pesar de los avances logrados en la reconciliación.
“Hoy, queridos hermanos y hermanas, se eleva una vez más desde esta ciudad el grito del pueblo de Dios y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad: ¡Nunca más la guerra!”, dijo Jorge Bergoglio, durante una misa celebrada en el estadio olímpico del barrio sarajevita de Kosevo, ante unos 70.000 fieles.
Sólo estuvo durante unas horas en el país, pero el Papa causó sincero entusiasmo entre los miles de fieles que le acompañaron en sus actos, no sólo procedentes de Bosnia-Herzegovina, sino también de países vecinos como Croacia o Serbia.
A todos ellos, les envió un mensaje claro: “Mir vama”, es decir, “la paz sea con vosotros”, en bosnio.
Es “importante recordar la historia, no para hacer reproches o recriminaciones”, sino para “acordarse del sufrimiento que ocasionan las guerras y apostar por la paz”, insistió mientras sus palabras eran ahogadas por los gritos de “¡Te queremos, Papa!”.
El programa de Bergoglio en la capital bosnia estuvo repleto de eventos con los ciudadanos, con los jóvenes, con los religiosos y las autoridades del país.
El acto más multitudinario fue la misa al aire libre durante la que el Papa dijo: “En nuestro tiempo, el deseo de paz y el compromiso por construirla contrastan con el hecho de que en el mundo existen numerosos conflictos armados. Es una especie de tercera guerra mundial combatida “por partes” y, en el contexto de la comunicación global, “se percibe un clima de guerra”.
Bosnia-Herzegovina en general, y Sarajevo en particular, tienen una población mayoritariamente musulmana, aunque hoy predominó, con naturalidad y sin incidentes, el ambiente cristiano.
Bergoglio estuvo rodeado de alegría en su visita a Sarajevo, la segunda de un papa tras la guerra; la primera la realizó Juan Pablo II en 1997, cuando la ciudad intentaba recuperarse del asedio de 1992 a 1995.
Francisco también se mostró emocionado de realizar el que ha sido su segundo viaje a los Balcanes -después de Albania el 21 de septiembre- en esta ocasión “como peregrino de la paz y del diálogo”, tal y como él mismo se describió.
Precisamente estas dos palabras, “paz y diálogo”, fueron las más repetidas durante el encuentro interreligioso, cargado de simbolismo, celebrado en el centro internacional estudiantil franciscano de Sarajevo, donde estuvieron presentes representantes de todas las comunidades religiosas que conviven en el país: musulmana, cristiana ortodoxa, católica y también judía.
Pero también en la reunión con los jóvenes a quienes dio un consejo: ayudar a construir un futuro común.
“Vosotros tenéis una singularidad, sois la primera generación tras la guerra, sois flores de una primavera que quiere ir hacia delante y no regresar a la destrucción. (…) No seáis enemigos unos de los otros, caminad juntos hacia delante. No construyáis muros, sólo puentes”, les dijo.
