En su jugada más arriesgada desde que tomó el mando de la Casa Blanca, el presidente de EEUU anunció ayer su nueva estrategia para ganar la guerra en Afganistán que consiste en el envío de 30.000 soldados adicionales y esboza el comienzo de la retirada para julio de 2011.

El plan le costará a Whashington otros 30.000 millones de dólares.

Obama dijo que la guerra "no está perdida", pero los talibanes han ganado terreno en los últimos años y es necesario enviar refuerzos porque este conflicto "pone en juego la seguridad de EEUU".

El presidente eligió pronunciar su discurso en la Academia Militar de West Point, en Nueva York. En ese mismo lugar, su antecesor, George W. Bush, anunciaba el 1 de junio de 2002 la caída del gobierno talibán.

El régimen talibán había sido derrocado y aunque Osama Bin Laden seguía libre, los líderes de la red terrorista Al Qaeda habían abandonado los campos de entrenamiento y huían por las montañas afganas.

Siete años y medio después de ese discurso, la situación es mucho más complicada para EEUU en Afganistán, donde los talibanes se han reagrupado y han recuperado terreno.

"Estamos en Afganistán para evitar que un cáncer vuelva a extenderse en ese país. Pero este cáncer también se ha arraigado en la zona de la frontera con Pakistán, es por eso que necesitamos una estrategia que funcione en ambos lados de la frontera", dijo Obama al comienzo de su exposición.

Las tropas tendrán como misión atajar la insurgencia y proporcionar seguridad a centros de población clave, explicó el presidente estadounidense en el discurso televisado en horario de máxima audiencia, a las 20.00 horas locales (22 de Argentina).

El despliegue de los soldados se completará antes de que concluya la primera mitad de 2010, prometió el mandatario, que anunció también que un año después, en junio de 2011, éstos comenzarán a abandonar el país asiático.

Estos refuerzos "nos ayudarán a crear las condiciones para que EE.UU. pueda transferir la responsabilidad a los afganos", el objetivo final en la guerra, destacó.

En este sentido, lanzó una dura advertencia a los dirigentes afganos, a los que indicó que "se han acabado los días en los que recibían un cheque en blanco".

El mandatario, que está a pocos días de recibir el premio Nobel de la Paz,

afirmó que apoyará a los líderes "que combatan la corrupción y defiendan a la gente", pero al mismo tiempo dijo que esperan "que los que no sean eficientes o sean corruptos tengan que rendir cuentas".

El presidente estadounidense pidió también a los aliados internacionales que aumenten sus destacamentos en Afganistán.

"Algunos han aportado ya tropas adicionales y tenemos confianza en que habrá nuevas contribuciones en los próximos días y semanas", indicó Obama.

La guerra, admitió, no será barata. El envío de los soldados adicionales costará cerca de 30.000 millones de dólares en un año.