Cuando se aproximan fines de ciclo, en los tiempos democráticos, resultan saludables las propuestas independientes para salir de la inmediatez de las preocupaciones de los argentinos, a fin de diseñar las pautas para una nueva nación priorizando objetivos de desarrollo sustentados en lo institucional.

En otras palabras, es necesario derribar el árbol que nos impide ver el bosque, para salir de la coyuntura de nuestros días y pensar en una Argentina fortalecida gracias a sus recursos potenciales, cuando se cumpla el cuarto de siglo de este tercer milenio. Para ello hay que deponer ahora las posiciones irreductibles, las mezquindades sectoriales y las ideologías retrógradas y sentarse en una gran mesa del consenso a fin de establecer las políticas de Estado con los objetivos de una refundación institucional.

El documento "Bases para la formulación de políticas de Estado”, surgido del reciente Foro de Convergencia Empresarial, con la participación de 38 entidades empresarias y asociaciones de profesionales, es una trascendente contribución para alcanzar un proyecto de desarrollo común a partir del diálogo entre los distintos actores políticos y sociales de la Argentina.

Si bien la declaración parte de un análisis crítico de la situación actual, lo importante se observa en los objetivos del foro para alentar la inversión, el empleo, y terminar con la pobreza y la exclusión social mediante políticas consensuadas que tengan continuidad en las próximas gestiones de gobierno, cualquiera sea el color partidario.

La dirigencia política debe tomar nota de estas propuestas porque es impensable generar mayores inversiones con efecto multiplicador en el campo social, si antes no hay garantías de institucionalidad, previsibilidad y certidumbre política y económica. Por eso en lo social se reclama una mayor vinculación entre educación y actividad productiva, la promoción del primer empleo formal y la reducción de la informalidad laboral. Hay numerosas correcciones estructurales que deben ser extirpadas para salir de improntas tributarias con impuestos distorsivos y políticas de emergencia.

Pero lo auspicioso es bregar por la tonificación institucional. Es impensable soñar con una nación pujante si no se fortalece el régimen republicano, representativo y federal. Sin la plena vigencia de las garantías, los derechos y las libertades constitucionales, una auténtica división de poderes e independencia judicial, y con libertad de prensa y acceso a la información pública, todo quedará en una utopía.