Han oído que se dijo: "’ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo: no resistan al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. Y cualquiera que te obligue a ir una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que desee pedirte prestado no le vuelvas la espalda. Han oído que se dijo: "’Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.” Pero yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persigan, para que sean hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Si aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? Por tanto, sean perfectos como el Padre celestial es perfecto (Mt 5,38-48).

El "’ojo por ojo y diente por diente” es la ley del Talión, que era común en la antigüedad como limitación a la venganza salvaje del más fuerte (cf. Gen 4,23) y el medio para restablecer una cierta paridad. Esta legislación supone el mal y busca contenerlo con el terror de una pena correspondiente, o aún mayor. Pero no resuelve el mal, sino que simplemente lo duplica, con la necia esperanza que sirva para sembrar el terror. En el fondo, hace que el mal sea más prepotente. En el fondo, quien se venga ya está muerto. ¡Cuánta razón tenía el filósofo chino Confucio, cuando en el siglo VI aC: "’Antes de empezar un viaje de venganza, cava dos tumbas”. Se complementa con lo que decía el filósofo y estadista británico Francis Bacon (1561-1626): "’Una persona que quiere venganza, tendrá siempre sus heridas abiertas”. Siguiendo el "’ojo por ojo”, todo el mundo quedará ciego, cuando lo hermoso es ver, contemplar, admirar. Jesús se ubica en una óptica que es la de una justicia "’excesiva”, como la del Padre. Sólo ésta vence al mal. El Maestro propone y enseña con sus actitudes personales, la nueva lógica del amor que vence aquella del egoísmo. Esto se observa en cinco reglas donde se muestra como vencer el mal con el bien. Primero: "’no resistan al que es malo”. Nos debemos oponer al mal, no al malvado. El mal hace mal a quien lo ejecuta. El malvado es la primera víctima del mal. Jesús ama al pecador porque odia el pecado. Sólo un corazón puro sabe amar con ternura al pecador. Segundo: "’si uno te abofetea la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. Si la primera regla para vencer el mal es no restituirlo, la segunda es la disponibilidad a asumir el doble del mal en vez de redoblarlo. Tercero: "’a quien te quiera quitar la túnica, déjale también la capa”. Más que reivindicar sin amor tu túnica, el valor está en dar incluso el manto, como expresión del renunciar. La desnudez de Jesús sobre la cruz fue la victoria contra la rapacidad de Adán. Cuarto: "’A quien te obliga acompañarlo un kilómetro, camina dos con él”. Aquí, el texto original griego no habla de "’acompañar”, sino que emplea el término "’angarius”, que era el ayudante que tenía un rey para cargar con el equipaje del soberano. Toda persona debe ser el "’angarius” del prójimo; es decir, ayudarle a llevar el peso mientras se camina por la vida. Las necesidades del hermano son nuestro deber, y en este punto no hay concesiones. Quinto: "’Al que te pida, dale; y al que te pida prestado, no le des la espalda”. Esta última regla es la de la disponibilidad a "’dar” que es siempre la victoria sobre el "’tomar”, "’acaparar”, "’poseer”.

El corolario de este evangelio se traduce en la expresión de Jesús: "’Amen a sus enemigos y oren por ellos”. Enemigo es quien actúa "’contra” otro. Amigo es quien vive "’con” otros. Por aquí pasa el llamado continuo del Papa Francisco a generar y consolidar la "’cultura del encuentro”, que subraya el valor de la "’proximidad”. El prójimo es el superlativo de "’cercano”.

No prediquemos de modo hipócrita un amor que no vivimos, cuando tenemos un elenco de personas en el corazón, a las que rechazamos. Después de su muerte, los padres de un soldado americano que combatió en la guerra del Vietnam, encontraron en el bolsillo del pantalón de su hijo un papel que contenía un bellísimo mensaje: "’He buscado mi alma, y no la he encontrado. He buscado a Dios, y se me ha escapado. He buscado a mi prójimo y allí he encontrado a los tres”.