Estudiantil es un campeón de verdad. Con mayúsculas. Porque un título lo puede ganar aquel equipo que pasa un gran momento. Dos, aquel que cerró una gran temporada. Pero cinco consagraciones al hilo significan que existe un estilo de juego ya afirmado. El año pasado le quedó ganar sólo la Liga Nacional. Porque lo otro, fue todo suyo. Y eso incluyó un título local, un Argentino y otro Sudamericano. Y este año empezó de la misma manera. Festejó en el “Fiesta del Sol´ y anoche se dio el gusto en el “San Juan 2009´. Y esto no es casualidad. Sino, muy por el contrario, tiene sus causas. Y, aunque casualidad y causalidad, sean dos palabras parecidas, que inclusive tienen las mismas letras, son de distinto significado. Este presente de Estudiantil tiene causas bien marcadas. Primero, que la dirigencia del club está metida en lo suyo. Tanto que hasta se decidieron a trasladarse a Santa Lucía, un lugar maravilloso que vaya a saber porqué lo tenían olvidado. Con una iluminación espectacular, muy lejos de las columnas lumínicas de la cancha de la calle Guemes que dejaban de funcionar en lo mejor de cada partido. Segundo, porque la continuidad del cuerpo técnico, encabezado por Ariel Martinazzo, un hombre de las raíces del club, es vital en el proceso formativo y en la fase de confianza anímica. Y tercero, y principal, porque el equipo está equilibrado al máximo y tiene goleadores de raza. Se mueve en bloque, explotando algo vital en el hockey de hoy: la velocidad. Sabe interpretar los momentos del partido. Aguanta cuando tiene que hacerlo y lastima cuando ve al rival herido. Un combo exitoso. Por Walter Cavalli
