La prestigiosa revista Nature publicó recientemente un estudio referido a fósiles hallados en el Norte de Kenia, revelando que hace dos millones de años, en esa región de África, vivió una especie humana desconocida. El informe actualiza la investigación respecto de un cráneo descubierto hace cuatro décadas, que encaja perfectamente con el maxilar hallado ahora, definiendo que ambos pertenecen al H. rudolfensis.

Si bien, estos hallazgos generan y plantean nuevos interrogantes a la antropología y otras ciencias, concomitante con religiones y creencias, no debiera poner en crisis ni anular tangencialmente teoría sólidas que se enunciaron y sostuvieron durante mucho tiempo referida a que los seres humanos habrían evolucionado de forma lineal de primates ancestrales y la mención al Homo erectus, sino que servirá para integrar al conocimiento, para enlazar un espacio de nuestro pasado que se hace virgen en la medida de los nuevos descubrimientos.

Por su parte, la revista Science señala que los restos de criaturas, similares a los humanos hallados en Sudáfrica, podrían revolucionar la forma en que concebimos a nuestros orígenes. Son los fósiles descritos por primera vez en 2010, dándosele el nombre de la especie Australopithecus sediba. Lo nuevo y trascendente de esta investigación, realizada por la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo por un equipo de científicos a cargo del profesor Lee Berger, cuyos detallados análisis develan nuevos secretos del que podría ser nuestro ancestro más directo. Los detalles del cerebro, pies, manos y pelvis del A. sediba, sugieren que esta especie estaba en la misma línea evolutiva que los Homo sapiens.

Es importante destacar a John Shea, de la Universidad Stony Brook, quien más allá de las controversias que pueden plantearse, esgrime un ecuánime pensamiento que puede contribuir a focalizar análisis y creencias: "Existe un gran abismo entre nosotros y nuestros más cercanos parientes primates: gorilas, chimpancés y bonobús. Si ese abismo hubiese sido llenado por otros homínidos, el vacío no sería tan amplio y la cadena evolutiva sería más gradual. Nosotros nos consideramos especiales, pero quizás no lo somos tanto. Un poco de humildad no le caería mal a nadie".

Sin duda, el buen auspicio de este pensamiento puede ayudar a los seres humanos en la necesaria reflexión sobre nuestros orígenes.