"Ni locos volvemos a entrar. Esto se va a caer en cualquier momento", dice a la AFP María, desde el interior de la carpa en la que pasó la noche, junto a su esposo y tres hijos, a pocos metros del edificio en que vivía y que sufrió daños severos por el terremoto.

"Preferimos estar en la calle, por seguridad de nuestros hijos", agrega esta mujer, que apenas pudo dormir un par de horas por el más de centenar de réplicas que se han sentido tras el terremoto que ha dejado un saldo parcial de más de 300 muertos.

María vive en la Villa Olímpica, un conjunto de departamentos ubicado frente al Estadio Nacional de Santiago, que fue construido hace 45 años y que quedó severamente dañado tras el fuerte sismo.

Vidrios rotos, balcones en el suelo y escombros por todos lados podían observarse en este lugar, donde por todas partes se levantaron improvisados campamentos con carpas, cartones o sábanas.

Los vecinos sacaron sus televisores a los patios y desde ahí se informaban sobre los alcances del potente sismo, uno de los más grandes de la historia, que devastó a dos regiones del sur de Chile, donde se registró un posterior tsunami.

Las autoridades han aconsejado a la población alejarse de las viviendas dañadas, ante el peligro inminente de colapso, sobre todo luego de las fuertes réplicas.

En Maipú, una pujante comuna ubicada al este de Santiago, los vecinos señalaban su indignación al ver cómo un moderno edificio de cinco pisos y construido hace apenas cinco años quedó severamente dañado.

En este lugar, los vecinos también pasaron la noche en carpas y ayer exigían la presencia de ejecutivos de la empresa que construyó esos departamentos, que seguramente deberán ser demolidos.

"Noche de mucho dolor, incertidumbre, desesperación, esta noche fue como despertar de una pesadilla. Estamos sin nada, no nos atrevemos a entrar a los departamentos y sacar nuestras cosas", dice a la AFP una habitante del condominio Don Tristán que está al borde del derrumbe.

Un turista holandés, que espera que se reabra el aeropuerto de Santiago para retornar a su país, contó su experiencia durante el sismo que lo sorprendió, poco después de las 3 de la madrugada del sábado, en un hotel céntrico.

"Temía que el edificio colapsara. No tuve tiempo de ponerme mi ropa así que salí desnudo", dijo a la AFP Paul Terpstra.

Santiago, una ciudad de seis millones de habitantes acostumbrada a sentir fuertes sismos, tiene altos estándares antisísmicos para sus construcciones.

No obstante, parte de la estructura de las modernas autopistas urbanas que cruzan la ciudad quedó severamente dañada, mientras que colapsaron cientos de construcciones antiguas.

Varios comercios y ferias donde se venden frutas y verduras se levantaban también a primera hora, en un intento de la ciudad por volver a ponerse en pie luego de la tragedia.

Pero los pocos supermercados que abrieron sus puertas el domingo, se vieron desbordados por lo que restringían el paso. Así se formaron largas colas para comprar artículos de primera necesidad, aunque no mucho por ser fin de mes. El mismo panorama se observaba en algunas estaciones de servicio no porque faltara combustibles sino porque muchas no pueden hacer andar las bombas por falta de electricidad.

En Santiago también hubo intentos de saqueos que indignaron al Gobierno.